Los incontables baches de la Biblia
Si hubiera más gente que leyera la Biblia, habría más ateos. De hecho, todos los ateos recomendamos leer este libro y aprender también acerca de las demás religiones, porque sabemos que cuanta más cultura y conocimiento tenga una persona menos creerá en ninguna. Habrá excepciones, por supuesto, pero la gran mayoría de los creyentes cultos no cree en la Biblia ni en ningún libro sagrado, ni mucho menos en ninguna Iglesia, sino en un Ser Superior muy abstracto y vagamente definido. Por otra parte, al contrario de esto que hacemos los ateos, es sabido que las instituciones religiosas sólo promueven la lectura de la Biblia y de literatura que comparta su punto de vista, nunca fuentes que la critiquen. Tal vez algún sacerdote promocionará libros que hablen del ateísmo, pero siempre escritos desde la perspectiva religiosa, nunca de primera mano de un ateo.
En definitiva, se puede ver claramente cuánta confianza tiene cada bando en su propio poder de convicción. Este hecho habla por sí mismo.
Ahora bien, la gran mayoría de los cristianos no sólo no ha leído libros que se opongan a la religión, sino que ni siquiera ha leído la Biblia misma, y es entendible, porque incluso suponiendo que fuera una fuente verídica y confiable seguiría siendo uno de los libros más absolutamente aburridos de todo el Universo. O si acaso la han leído, como mucho conocerán la breve sección que relata la vida de Jesús y algún que otro extracto más por aquí y por allá. En todo caso, como consecuencia de no leerla realmente se tiene una imagen bastante errada de qué se trata; se lo ve como un texto de gran sabiduría y de profundo contenido moral, que tal vez tenga algunos deslices científicos en un par de pasajes, pero de importancia secundaria.
El tema de las falsedades científicamente refutadas lo dejaremos para otro artículo, al igual que sus monstruosidades inmorales. Por el momento sólo nos concentraremos en las contradicciones simples. Resulta que los capítulos de la Biblia no son como los de un libro normal, cada uno fue redactado por una persona distinta, y a su vez en épocas y contextos diferentes. Es decir, la Biblia no es “un libro” propiamente dicho, sino un conjunto de libros posteriormente ensamblados en uno sólo, y por esa razón hay bastante discordancia entre algunas partes y otras. Cada autor escribió lo que pensaba sobre el tema que quiso partiendo desde la base que disponía: relatos mitológicos de distintos orígenes, transmitidos oralmente a lo largo de mucho tiempo, modificados y condimentados cada vez que una generación se los pasaba a la siguiente.
Por ejemplo, en (Re.2.11-12) la Biblia afirma: “Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino”. Pero en (Jua.3.13), se sostiene lo contrario: “Nadie ha subido jamás al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo”.
Por otra parte, en (Jua.1.18) está escrito: “A Dios nadie le vio jamás”, pero según (Éxo.33.11), “Hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero”.
En (Núm.23.19) dice: “Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?”, mientras que en (Éxo.32.14) se relata: “Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo”.
La lista es interminable. La Biblia es tan larga y con una densidad tan grande de defectos que simplemente resultaría imposible cubrirlos todos en un solo artículo. Para esto haría falta una enciclopedia mucho más extensa que la Biblia misma, pero afortunadamente esa cosa existe y se llama internet. Gracias las maravillas de la tecnología, desde la comodidad del hogar podemos buscar “contradicciones bíblicas”, “ejemplos inmorales de la Biblia”, o términos similares, y encontrar cientos de miles de resultados en un par de segundos. De modo que no tendría sentido listar todas las contradicciones posibles en este momento, no sólo porque no terminaríamos nunca, sino porque este trabajo ya está hecho y se puede acceder en un instante.
Pero a grandes rasgos, como escribió Scott Bidstrup: “¿Quiere un dios airado, escandaloso, vengativo, destruyendo todo lo que le sirve de tropiezo, exigiendo genocidios, infanticidios y hasta la misma esclavitud? Entonces el Éxodo es su libro. ¿Quiere un código de vida duro, rígido, inexorable, inflexible, sin misericordia? Entonces su libro es el Levítico. ¿Quiere un dios discreto, sutil, insondable que raramente interfiere, pero que puede ser conocido solo a través de las oraciones sinceras y las suplicas del fondo del alma, además de ser gentil y misericordioso? Lea las epístolas de Pablo. Todo en el mismo libro”.
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