La religión explica algo que la ciencia no
Un sistema de creencias religiosas puede explicar muchas cosas fuera del alcance actual de la ciencia. Pero esto no tiene ningún mérito, cualquier persona con un mínimo de imaginación puede explicar todos los misterios del mundo. Por ejemplo, para dar una solución definitiva al origen del Universo, alguien podría decir que fue creado en un concurso de hadas mágicas; la que creara el Universo más destacado se llevaría un premio, que será otorgado al final de los tiempos. Claro está, a pesar de tratarse de una explicación completa y sin contradicciones, sería imposible demostrar su veracidad. Sólo puede sustentarse en la fe, y ese es el problema.
¿Cuál es la moraleja? Que en definitiva, lo que importa no es si alguien puede ofrecer una explicación sobre algo o no; cualquiera puede inventar una sobre la marcha, si no la tiene ya. Lo que interesa es hasta qué punto se puede sustentar su veracidad con evidencias.
Como todos sabemos, durante siglos y siglos el cristianismo sostuvo que la Tierra era el centro del Universo, que se había formado en seis días, que el ser humano había surgido directamente del barro, que los átomos no existían, y un larguísimo etcétera. La religión daba cómodamente por sentado que la ciencia jamás llegaría a pisar estos campos, y se enorgullecía pomposamente de poder explicar algo que aquella no. Sin embargo todos sabemos como la historia terminó; tarde o temprano la ciencia fue tomando el control, y en todos los casos resultó que la religión había dado rienda suelta a su lengua sin ningún fundamento.
Esto no quiere decir que la religión haya cometido errores como los que comete de vez en cuando la ciencia. No. Un error es cuando uno hace una cuenta y le da un resultado incorrecto. Un error es cuando uno hace un experimento y le sale mal. La religión nunca hizo cuentas ni experimentos, nunca erró, lisa y llanamente inventó. Afirmó hasta el cansancio que Dios le había revelado esas cosas, que obtenía esos conocimientos a través del Espíritu Santo y que su autoridad era incuestionable. Y aún peor, cada vez que uno de sus falsos dogmas cayó, en vez de tener la mínima humildad de admitir que había estado equivocada, se excusó diciendo que la revelación seguía siendo cierta, sólo que la había interpretado mal.
Siendo pacientes, y suponiendo generosamente que es cierto que existe un dios y que esas revelaciones son auténticas, aún así la pregunta es: ¿qué ha aprendido la religión de todos estos tropiezos? ¿Ha revisado los métodos de interpretación de sus revelaciones? ¿Ha mejorado sus técnicas de comunicación con el Espíritu Santo? No. Sigue sosteniendo cosas extravagantes supuestamente reveladas, y siempre con el mismo viejo argumento: “La ciencia no puede aún explicar determinado asunto misterioso. No queda otra explicación; un ser superior invisible y poderoso debe estar detrás. Además, podemos estar seguros de esto porque nos lo reveló Dios, aunque lamentablemente lo haya hecho justo cuando ustedes no estaban mirando”. Que es justamente el mismo estilo de pensamiento que la hizo llevarse el mundo por delante una vez tras otra, a lo largo de los siglos.
De más está aclarar que esto no significa que la ciencia sea perfecta, o ni siquiera que pueda llegar a saberlo todo algún día. El objetivo de la ciencia, sí, es conocer cada vez más sobre el Universo… pero si algún día llega a comprenderlo todo o no, es otro tema. Nadie garantiza que el Universo sea apropiadamente digestible para la maquinaria del cerebro humano. ¿Por qué debería serlo? Quizás haya misterios que simplemente sean indescifrables, no solo para nosotros sino incluso tal vez para cualquier otro ser inteligente posible, incluyendo eventuales extraterrestres o máquinas pensantes que pudiéramos construir en un futuro. Aunque desde ya, por “misterios indescifrables” no se entiende necesariamente a Dios ni a los temas relacionados con él, sino a cualquier fenómeno en general. De hecho podría darse el caso, quién sabe, de que Dios existiera y que fuera perfectamente analizable desde la física y la matemática, pero al mismo tiempo siguieran existiendo otros asuntos eternamente incomprensibles.
Pero aún así, más allá de todas las posibles limitaciones de la ciencia, sigue siendo la mejor herramienta que tenemos, con mucha diferencia. Porque, en resumen, nuevamente, lo que importa no es si alguien puede dar una explicación sobre algo o no; cualquiera puede inventar una. Lo que interesa es si es posible demostrar la veracidad de esa explicación. La ciencia no explica todo, pero demuestra todo lo que explica. La religión puede explicar todo, pero no puede demostrar nada.
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