La ciencia y el mundo de lo inmaterial

Imaginemos un escenario del futuro un poco extraño. Supongamos que para sorpresa de todos, el día de mañana se descubre el alma en algún laboratorio. Enseguida surgirían investigaciones científicas para responder muchas preguntas, como por ejemplo, ¿cuándo obtenemos el alma? ¿Surge espontáneamente cuando el óvulo es fecundado por el espermatozoide, o en otra etapa de la gestación, o incluso un tiempo después de nacer? ¿El espermatozoide viene con media alma y el óvulo con la otra mitad, o quizás el alma ya viene entera en uno de los dos? ¿Todas las almas son iguales y tienen el mismo potencial, o sus características dependen del sexo, de la etnia, de posibles malformaciones congénitas, de la dieta alimenticia?… ¿Los siameses tienen un alma o dos? ¿Y los gemelos idénticos? ¿Y los trillizos? Si a una persona le tienen que amputar un brazo o una pierna, o una sección del cerebro, ¿se pierde una parte del alma? ¿Se pueden fabricar medicamentos para ella? ¿Cuando morimos, se va a algún lugar o se queda en el cuerpo, degradándose poco a poco al igual que el resto del organismo?

Lo cierto es que a partir de ese momento, el alma dejaría de ser un tema de fe y pasaría a formar parte de una nueva rama de la medicina y la biología. Lo mismo sucedería si se descubriera científicamente a Dios, los ángeles, el Cielo, el Infierno y todas las cosas de las que habla la religión. Claro está, si desde un comienzo estas entidades no existen, es imposible que la ciencia los descubra, pero si son reales no hay ningún motivo para asumir de antemano que no son estudiables, comprensibles y reducibles a fórmulas. Antes también se pensaba que sería imposible escudriñar científicamente el funcionamiento de la vida, el mecanismo de los pensamientos, el origen del hombre, de los planetas y de las estrellas… y echemos ahora un vistazo a cualquier enciclopedia o libro básico de ciencias para ver cómo resultó la historia. Todos los sentimientos, las emociones y los pensamientos se consideraban inmateriales, pero la neurociencia los está comenzando a explicar exitosamente en términos físicos. Lo mismo ha sucedido en muchos otros campos. Antes se pensaba que la biología debía aceptar la existencia de la vida como un punto de partida inexplicable, ya que obviamente entraban en juego entidades espirituales, pero hoy en día se la comprende completamente desde la química y la física.

Pero la gran pregunta es… si este descubrimiento hipotético sucediera, ¿deberíamos dejar de considerar “inmaterial” al alma, o no? Dicho de otro modo, incluso suponiendo que existen cosas inmateriales, ¿cómo se puede distinguir algo material de algo inmaterial? Y además, ¿por qué deberíamos pensar que el alma y Dios, en caso de existir, deberían ser entes “inmateriales”?

Si por “inmaterial” se entiende algo que obedece a un conjunto de leyes distintas, pero investigables, entonces, ¿dónde trazar la línea que separa lo que es material de lo que no lo es? ¿Cómo sabemos que no hemos ya descubierto científicamente cosas que son “inmateriales”, pero pensamos que son materiales porque no sabemos la diferencia? Y por otra parte, si por “inmaterial” se entiende algo que es totalmente incomprensible para la mente humana, entonces, ¿cómo podríamos distinguir si algo, como Dios o el alma, es un ente “inmaterial” por no ser investigable, o es “material” pero simplemente sucede que la ciencia aún no ha llegado a ese punto?

En cualquier caso, cuando alguien afirma que Dios, o el alma, o lo que sea, es un objeto inmaterial, en el fondo no está diciendo realmente nada. Lo único que está asegurando es que no puede medir ni detectar la existencia de eso de lo que está hablando.

Muchos tienen el prejuicio de que los científicos son de mente cerrada y que descartan la existencia de Dios, el alma, las energías místicas o el mundo espiritual en general sólo porque no son visibles al ojo humano. Esto es completamente falso. Si fuera por esto entonces también descartarían la existencia de los campos magnéticos, por ejemplo, los cuales tampoco se puden ver ni tocar, ni poner debajo del lente de un microscopio, ni guardar en un tubo de ensayo. Las personas caminamos libremente a través de ellos y ni siquiera los sentimos, como si fueran fantasmas. ¿Cuál es la diferencia entre estos campos y Dios, entonces? ¿Por qué los científicos aceptan la existencia de los primeros y se desentienden del segundo? Porque los campos magnéticos pueden mover la aguja de una brújula y provocar corrientes eléctricas, entre otras muchas cosas. Es decir, aunque no los podamos ver, producen efectos en cosas que sí podemos ver, e ingeniosamente los podemos medir de manera bastante precisa. Pero hasta la fecha, que se sepa, Dios no mueve la aguja de ninguna brújula ni produce corrientes eléctricas.

Lo mismo sucede con el núcleo de las estrellas, las partículas subatómicas, los ancestros biológicos que nos precedieron hace millones de años y una lista sin fin. Todos ellos, y en definitiva casi la totalidad de lo que la ciencia estudia hoy en día, no se puede ver ni tocar. Son cosas que deben analizarse indirectamente, a través de los rastros que dejan de una manera o de otra, en algún lugar u otro, bajo algunas condiciones u otras. En resumen, el problema con Dios no es que simplemente no se pueda ver, o que sea inmaterial. Es que no se puede detectar con ningún método objetivo y fiable, de ninguna forma directa ni indirecta. Exactamente igual que sucede con Zeus, Ra, Osiris, Thor, Horus, los unicornios, los duendes, las hadas mágicas y todas criaturas místicas en que la humanidad ha creído alguna vez. ¿Quiere decir esto que Dios no existe? No, no quiere decir que no exista. Pero con el mismo argumento, tampoco quiere decir que no existan Ra, Osiris, Zeus, Thor y compañía.

¿Y qué pasaría si Dios efectivamente existiera, pero nunca se pudiera demostrar científicamente, precisamente por estar hecho de una sustancia “inmaterial”?… Bueno, ¿por qué no hacernos la misma pregunta acerca de todos los demás dioses mencionados? ¿Qué pasaría si Ra existiera y fuera inmaterial, y justamente por eso no tuviéramos pruebas de su existencia?

La conclusión siempre es la misma. No podemos demostrar que Dios no exista, pero sí podemos demostrar que no tiene más probabilidades de existir que cualquier otro ser mágico e invisible que haya concebido la imaginación humana. Y si pensamos que racionalmente es válido descartar la existencia de Osiris o Zeus, entonces con los mismos argumentos también podemos descartar la existencia de Dios.