La Biblia es contradictoria como guía moral
Un tal señor llamado Arthur Schlesinger Jr. dijo en una ocasión: “Como historiador, confieso que me resulta un poco gracioso cuando escucho que la tradición judeocristiana es alabada como fuente de nuestra preocupación presente por los derechos humanos, esto es, por la valiosa idea de que todos los individuos en todas partes tienen derecho a la vida, a la libertad, y a la búsqueda de la felicidad sobre esta tierra. De hecho, las grandes épocas de la religión fueron notables por su indiferencia a los derechos humanos en el sentido contemporáneo. Fueron notorias no sólo por su aceptación de la pobreza, la inequidad, la explotación y la opresión, sino también por una entusiasta justificación de la esclavitud, la persecución, el abandono de niños pequeños, la tortura y el genocidio”.
Naturalmente, cualquier cristiano replicará que todas estas aberraciones no se debieron a que la religión lo mandara, sino a que hubo gente que falló al poner en práctica el mensaje de la Biblia, el cual sigue siendo profundamente moral. Error. Por supuesto que la Biblia contiene enseñanzas éticas, pero lamentablemente son una muy rara excepción. La mayor parte de este libro consiste en pasajes completamente monstruosos e injustificables. Esto no solamente incluye a gente que aparece haciendo cosas despreciables por su propia cuenta, sino Dios mismo ordenando estas acciones o realizándolas directamente.
Por ejemplo, en (Deu.7.1-2) está escrito: “Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú, y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia”. O en (Eze.20.25-26), “Por eso yo también les di estatutos que no eran buenos, y decretos por los cuales no podrían vivir. Y los contaminé en sus ofrendas cuando hacían pasar por el fuego a todo primogénito, para desolarlos y hacerles saber que yo soy Jehová”.
Otras veces se priorizan cosas efímeras por encima de la vida misma, como la virginidad sexual o el descanso durante un día sagrado. “Mas si resultare ser verdad que no se halló virginidad en la joven, entonces la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la apedrearán los hombres de su ciudad, y morirá”. (Deu.22.20-21).
El machismo y la misoginia son moneda común. En (Corintios 1 14:34-35) se le prohíbe a la mujer hablar en la Iglesia, y ésta sólo puede preguntarle a su esposo cuando estén en casa. “Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación”.
Según la Biblia, Dios hizo llover fuego y azufre sobre ciudades enteras en cierta ocasión. En otro momento inundó el mundo completo, asesinando a toda la humanidad con excepción de Noé y su familia. Siempre con la excusa de que todos eran malos y pecadores, incluidos los niños. Luego, cuando el pueblo hebreo se encontraba esclavo en Egipto, Dios se le apareció personalmente a Moisés y le ordenó que liderara a su gente hacia la libertad y la tierra prometida. Como el Faraón no accedía, Dios, en vez de aparecerse directamente ante aquél, o en lugar de teletransportar a todos los judíos con un simple chasquido de dedos, envió siete plagas espantosas a Egipto entero para presionar a su gobernante. La última de esas plagas fue, literalmente, la muerte súbita de todos los niños primogénitos del reino. Acto seguido, el Faraón se rinde y deja escapar a Moisés con el pueblo judío, y éste es el célebre episodio donde las aguas del Mar Rojo se abren en dos, a la salida de Egipto. Pero la historia no termina, continúa y continúa, siempre salpicada de impulsos sanguinarios de este Dios absolutamente arbitrario y monstruoso.
Por supuesto que todo esto no es más que mitología simple y llana, y de más está aclarar que Dios en realidad no es antiético, ya que no puede ser antiético alguien que no existe. El punto es que no podemos considerar al Dios bíblico, lleno de ataques de histeria y contradicciones, como fuente de inspiración moral. Esto no quiere decir necesariamente que la Biblia haya tenido la culpa de todas las atrocidades cometidas por la Iglesia Católica o cualquier otra agrupación de cristianos, eso es tema para otro momento. El punto es que no es aceptable la respuesta de que la Biblia, a pesar de lo que hayan hecho sus creyentes, sigue siendo un libro moral. Porque nunca lo fue.
Muchos cristianos se escandalizan al ver que los ateos dejamos este libro sagrado de lado, y elegimos por nuestra propia cuenta los principios morales a seguir. Sin embargo, como ya vemos, si uno lee la Biblia encuentra de todo, y en definitiva termina siendo el cristiano mismo, con su propio criterio personal, el que selecciona los mensajes que toma y los que deja. Y eso es exactamente lo mismo que hacemos los ateos, de lo que ellos tanto se horrorizan.
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