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	<title>La debilidad de los dioses</title>
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		<title>¡Error!&#8230;</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Jan 2012 21:14:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge A. Berrueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Lamentablemente, lo que estás buscando no se encuentra por estos rincones. No está. No existe. Como Dios. Es una superstición. Por mucha fe que tengas, no aparecerá. Yo en tu lugar, intentaría por otro camino.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lamentablemente, lo que estás buscando no se encuentra por estos rincones.</p>
<p>No está. No existe. Como Dios. Es una superstición. Por mucha fe que tengas, no aparecerá.</p>
<p>Yo en tu lugar, intentaría por otro camino.</p>
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		<title>Cuando el pedido de la oración se cumple</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Nov 2011 22:32:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge A. Berrueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Capitulo]]></category>
		<category><![CDATA[Religion]]></category>

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		<description><![CDATA[Una persona padece cierta enfermedad, un grupo de fervientes creyentes eleva sus oraciones para su recuperación, y la curación ocurre. Queda demostrado entonces que Dios existe y es bueno, y todos vivieron felices para siempre. …Un momento, algo no cierra. Se supone que Dios, desde un principio, era consciente de la situación del enfermo y tenía pleno poder para ayudarlo sin esperar a que nadie le rezara. Incluso podría haber evitado todo el problema desde el comienzo. ¿Por qué no lo hizo? En lugar de esto, permitió de manera consciente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una persona padece cierta enfermedad, un grupo de fervientes creyentes eleva sus oraciones para su recuperación, y la curación ocurre. Queda demostrado entonces que Dios existe y es bueno, y todos vivieron felices para siempre.</p>
<p>…Un momento, algo no cierra. Se supone que Dios, desde un principio, era consciente de la situación del enfermo y tenía pleno poder para ayudarlo sin esperar a que nadie le rezara. Incluso podría haber evitado todo el problema desde el comienzo. ¿Por qué no lo hizo? En lugar de esto, permitió de manera consciente y voluntaria que la enfermedad se desarollara y que todos pasaran por una situación dolorosa, sin hacer nada hasta ser colmado de alabanzas. Por lo tanto, argumentar que Dios sanó un enfermo en respuesta a las plegarias, equivale a decir que si Dios no hubiera sido alabado habría permitido que la desgracia continuara como si nada. Si bien Dios prestó su ayuda, no lo hizo por amor sino sólo a cambio de que le lamieran los pies. En caso contrario, si los creyentes están realmente convencidos de que Dios intercede por amor, entonces ¿por qué consideraron necesario rezar? E incluso más, ¿por qué dan por hecho que rezar cinco veces el rosario es más eficiente que rezarlo una sóla vez, y que una cadena de oración es más eficiente que una sóla persona rezando?</p>
<p>¿Qué clase de padre, plenamente consciente de que un hijo suyo está atravesando una situación horrible e injusta, y con el pleno poder para ayudarlo, se quedaría de brazos cruzados hasta que decenas de personas le pidieran su ayuda de rodillas? Imaginemos a este padre reflexionando: <em>“Mmmm… no, por ahora sólo diez personas han venido a traerme ramos de flores. No me satisface, no me parece que me amen lo suficiente. Esperaré que me demuestren un poco más de devoción, y luego tal vez veremos”</em>. Finalmente, luego de muchas ofrendas y obsequios, accede a socorrer a su hijo. ¿A esto le llamamos amor? ¿Esta clase de actitud merece agradecimiento?</p>
<p>Avancemos un paso más. Imaginemos que la enfermedad nunca surgió desde un principio, o que Dios intervino sin esperar a que se le pidiera nada, y que hasta ahora nosotros hemos tenido una vida maravillosa. Aún así, ¿cómo puede alguien decir que Dios es bueno? ¿Qué hay de todas madres de Somalía cuyos hijos se mueren literalmente de hambre en sus brazos? ¿Qué hay de todas las víctimas del terremoto de Haití, de los tsunamis de Japón e Indonesia, de los tornados de Estados Unidos? <em>“No sé, es un misterio, yo lo único que sé es que Dios me ayudó a mí y por lo tanto es bondadoso”</em>. Esto es como si alguien dijera: <em>“La verdad… la última dictadura militar de Argentina fue muy bondadosa, porque cuando gobernaban los militares mi familia estaba económicamente muy bien”</em>. ¿Qué pasa con los miles de personas torturadas y desaparecidas durante el régimen? ¿Qué pasa con las incontables familias destruídas y las vidas arruinadas? <em>“No sé, es un misterio, yo lo único que sé es que la dictadura ayudó a mi familia y por lo tanto los militares fueron obviamente buena gente”</em>.</p>
<p>Pero vayamos aún más lejos. Como ya vimos, que una oración se cumpla no implica necesariamente que Dios sea bueno, por bastantes motivos. Sin embargo, ¿demuestra, al menos, que Dios exista?</p>
<p>Supongamos que en vez de rezarle al dios cristiano, la próxima vez le dirigimos nuestro pedido al antiguo dios egipcio Osiris. Y nuevamente la curación ocurre. ¿Esto demostraría la existencia de Osiris? Pensémoslo un segundo. Incluso si Osiris no existe, lo cual es lo más probable&#8230; ¿qué ocurriría si cientos, o miles, o millones de personas a lo largo y a lo ancho de todo el mundo le rezaran continuamente para pedirle todo tipo de cosas? Muy sencillo; algunas de esas peticiones se cumplirían y otras no, aunque solo fuera por azar. En los casos de un final feliz, los creyentes agradecerían a Osiris sin pensarlo dos veces, y en el resto de los casos atribuirían su falta de ayuda a algún motivo superior y misterioso. Esto es exactamente lo mismo que ocurre en el caso del dios cristiano, y se corresponde también con lo mismo que sucede en absolutamente todas las religiones habidas o por haber. Siempre, sin importar a qué entidad imaginaria se le dirijan alabanzas, algunas veces sucederá lo que pedimos y otras veces no. Es una simple cuestión de estadística.</p>
<p>Citando a Donald Morgan, <em>“Los cristianos dicen que, sin excepción, su dios responde a todas sus plegarias; es sólo que a veces dice ’sí’ y otras ‘no’, ‘quizá’ o ‘espera’. Por supuesto, lo mismo podría decirse del dios de la lluvia”</em>.</p>
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		<title>&#8230;¿Y si Dios existiera?</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Nov 2011 14:58:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge A. Berrueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ateismo]]></category>
		<category><![CDATA[Capitulo]]></category>

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		<description><![CDATA[En principio, podría suceder perfectamente que los ateos estuviéramos equivocados y Dios existiera. Desde luego no podría existir el clásico Dios cristiano, debido a sus numerosas contradicciones, pero bien podría tratarse de algún otro Ser Superior. Y bien, ¿no deberíamos modificar nuestra conducta, aunque sea por las dudas?&#8230; No. En primer lugar, porque con la misma lógica, ¿qué pasaría si Odín, o Zeus, o Mitra existieran? ¿Qué sucedería si luego de la muerte nos despertáramos en el inframundo de alguna religión antigua, frente a alguno de esos dioses, quien nos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En principio, podría suceder perfectamente que los ateos estuviéramos equivocados y Dios existiera. Desde luego no podría existir el clásico Dios cristiano, debido a sus numerosas contradicciones, pero bien podría tratarse de algún otro Ser Superior. Y bien, ¿no deberíamos modificar nuestra conducta, aunque sea por las dudas?&#8230;</p>
<p>No.</p>
<p>En primer lugar, porque con la misma lógica, ¿qué pasaría si Odín, o Zeus, o Mitra existieran? ¿Qué sucedería si luego de la muerte nos despertáramos en el inframundo de alguna religión antigua, frente a alguno de esos dioses, quien nos reclamara por no haber creído en él? ¿No deberíamos comportarnos durante esta vida según el agrado de todos ellos, para evitar posibles sorpresas desagradables en el futuro? Naturalmente esto no tiene ningún sentido, e incluso sería imposible de poner en práctica. Uno no puede pasarse la vida especulando sobre las expectativas de infinitos dioses hipotéticos. Incluso algunos de esos supuestos dioses podrían tener deseos opuestos a los de otros, y uno nunca podría satisfacer a todos a la vez.</p>
<p>Pero supongamos que efectivamente hay un dios concreto y que esperara cierto comportamiento de nuestra parte, ya sea el amor al prójimo, una convivencia pacífica, la prohibición de los preservativos, la discriminación hacia ciertas personas o los atentados a las Torres Gemelas. En cualquier caso, él debería tomarse la molestia de explicarnos racionalmente por qué debemos seguir sus consejos. Decir <em>“porque de esa manera te enviaré al Cielo y serás muy feliz”</em>, no es una explicación, es sencillamente un premio por cumplir sus caprichos, o bien una amenaza por desobedecerlos, según cómo se lo mire. Del mismo modo, decir <em>“porque de esa manera me harás feliz y orgulloso, me demostrarás que me amas y me devolverás el favor de haberte creado”</em>, tampoco es una explicación. ¿Para eso nos creó Dios, para satisfacer sus ganas de tener un juguete que se moviera a su gusto? ¿Esa es la altura de su concepto de amor; obedecer órdenes sin cuestionamientos?</p>
<p>Pero profundicemos un poco más. Resulta muy ingenuo pensar que a este Ser Supremo, creador de las imponentes leyes de la física, gobernador de un inabarcable Universo, le vaya a preocupar en absoluto lo que sucede en este insignificante planeta. No sólo porque la fría realidad del mundo lo demuestre claramente, sino también por una cuestión esencial de sentido común. Sencillamente no es creíble que este Amo del Universo pierda el sueño vigilando con quién nos acostamos, en qué circunstancias o en qué posición sexual. Es como imaginar que a la Organización de las Naciones Unidas le fuera a importar lo que hizo un día una cierta célula de un parásito dentro de una hormiga. Completamente ridículo. Y esta desproporción, este desorden absurdo de magnitudes de importancia, no llega ni a los talones de plantear que un Dios va a estar preocupado de lo que hagamos nosotros día a día. De hecho, predicar que somos el centro de atención de semejante Ser es todo lo opuesto de un mensaje de humildad, es la cúspide del egocentrismo psicótico.</p>
<p>En resumen, lo más probable es que Dios no exista. Y si existe, seguramente no está interesado en nosotros. Y si lo está, no podemos estar seguros de cuál comportamiento espera de nosotros, habiendo tantas religiones con supuestos mensajes suyos tan variados y contradictorios. Pero incluso si existiera una sóla religión, un sólo mensaje, y supiéramos a ciencia cierta que viene de un dios, aún así no habría por qué hacerle caso. Uno debe hacer lo que le parece que es correcto, sin importar lo que diga nadie, ni siquiera un Dios. Si uno piensa, por el contrario, que lo correcto es cualquier cosa que diga Dios, sólo por el hecho de que él lo dice, entonces estamos perdidos. Esa manera de pensar es la que ha justificado innumerables atrocidades en la historia. No hace falta que nos explayemos sobre la discriminación hacia las mujeres, los homosexuales, las hogueras de la inquisición, las masacres de la conquista de América, la condena a descubrimientos científicos, y un larguísimo etcétera. Como la experiencia bien lo demuestra, una misma religión puede promover, basándose en complejas explicaciones teológicas, tanto el amor al prójimo como el odio y el racismo más extremos. Ese es el peligro de pensar que nosotros no somos nadie para decidir qué es lo moral o inmoral, sino que cualquier cosa que diga Dios será lo correcto y que no tenemos derecho a debatirlo.</p>
<p>Pero la moraleja de la historia no es que todos los cristianos, musulmanes o judíos sean monstruos insaciables sedientos de sangre, ni mucho menos. Por supuesto que hay gente buena en todas partes. Y del mismo modo que hay gente que piensa que Dios le ordena hacer cosas antiéticas, también hay gente que cree que Dios le ordena hacer cosas éticas. Aunque claro, todos están convencidos de que son santos desde su propio punto de vista, y ese es justamente el problema. Pero más allá de esto, la cuestión es que los ateos no somos ni más ni menos morales que ellos. La religión no trajo ningún mensaje al mundo que no existiera previamente, el ser humano ya sabía amar y odiar antes de que ninguna religión se lo enseñara, y por eso los ateos podemos amarnos y odiarnos igual que lo hacen los creyentes. La única diferencia es que nosotros no podemos usar la fe como excusa cuando hacemos algo malo, ni tampoco la necesitamos como incentivo para hacer algo bueno.</p>
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		<title>La religión explica algo que la ciencia no</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Oct 2011 16:45:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge A. Berrueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Capitulo]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Un sistema de creencias religiosas puede explicar muchas cosas fuera del alcance actual de la ciencia. Pero esto no tiene ningún mérito, cualquier persona con un mínimo de imaginación puede explicar todos los misterios del mundo. Por ejemplo, para dar una solución definitiva al origen del Universo, alguien podría decir que fue creado en un concurso de hadas mágicas; la que creara el Universo más destacado se llevaría un premio, que será otorgado al final de los tiempos. Claro está, a pesar de tratarse de una explicación completa y sin [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un sistema de creencias religiosas puede explicar muchas cosas fuera del alcance actual de la ciencia. Pero esto no tiene ningún mérito, cualquier persona con un mínimo de imaginación puede explicar todos los misterios del mundo. Por ejemplo, para dar una solución definitiva al origen del Universo, alguien podría decir que fue creado en un concurso de hadas mágicas; la que creara el Universo más destacado se llevaría un premio, que será otorgado al final de los tiempos. Claro está, a pesar de tratarse de una explicación completa y sin contradicciones, sería imposible demostrar su veracidad. Sólo puede sustentarse en la fe, y ese es el problema.</p>
<p>¿Cuál es la moraleja? Que en definitiva, lo que importa no es si alguien puede ofrecer una explicación sobre algo o no; cualquiera puede inventar una sobre la marcha, si no la tiene ya. Lo que interesa es hasta qué punto se puede sustentar su veracidad con evidencias.</p>
<p>Como todos sabemos, durante siglos y siglos el cristianismo sostuvo que la Tierra era el centro del Universo, que se había formado en seis días, que el ser humano había surgido directamente del barro, que los átomos no existían, y un larguísimo etcétera. La religión daba cómodamente por sentado que la ciencia jamás llegaría a pisar estos campos, y se enorgullecía pomposamente de poder explicar algo que aquella no. Sin embargo todos sabemos como la historia terminó; tarde o temprano la ciencia fue tomando el control, y en todos los casos resultó que la religión había dado rienda suelta a su lengua sin ningún fundamento.</p>
<p>Esto no quiere decir que la religión haya cometido errores como los que comete de vez en cuando la ciencia. No. Un error es cuando uno hace una cuenta y le da un resultado incorrecto. Un error es cuando uno hace un experimento y le sale mal. La religión nunca hizo cuentas ni experimentos, nunca erró, lisa y llanamente inventó. Afirmó hasta el cansancio que Dios le había revelado esas cosas, que obtenía esos conocimientos a través del Espíritu Santo y que su autoridad era incuestionable. Y aún peor, cada vez que uno de sus falsos dogmas cayó, en vez de tener la mínima humildad de admitir que había estado equivocada, se excusó diciendo que la revelación seguía siendo cierta, sólo que la había interpretado mal.</p>
<p>Siendo pacientes, y suponiendo generosamente que es cierto que existe un dios y que esas revelaciones son auténticas, aún así la pregunta es: ¿qué ha aprendido la religión de todos estos tropiezos? ¿Ha revisado los métodos de interpretación de sus revelaciones? ¿Ha mejorado sus técnicas de comunicación con el Espíritu Santo? No. Sigue sosteniendo cosas extravagantes supuestamente reveladas, y siempre con el mismo viejo argumento: <em>“La ciencia no puede aún explicar determinado asunto misterioso. No queda otra explicación; un ser superior invisible y poderoso debe estar detrás. Además, podemos estar seguros de esto porque nos lo reveló Dios, aunque lamentablemente lo haya hecho justo cuando ustedes no estaban mirando”.</em> Que es justamente el mismo estilo de pensamiento que la hizo llevarse el mundo por delante una vez tras otra, a lo largo de los siglos.</p>
<p>De más está aclarar que esto no significa que la ciencia sea perfecta, o ni siquiera que pueda llegar a saberlo todo algún día. El objetivo de la ciencia, sí, es conocer cada vez más sobre el Universo… pero si algún día llega a comprenderlo todo o no, es otro tema. Nadie garantiza que el Universo sea apropiadamente digestible para la maquinaria del cerebro humano. ¿Por qué debería serlo? Quizás haya misterios que simplemente sean indescifrables, no solo para nosotros sino incluso tal vez para cualquier otro ser inteligente posible, incluyendo eventuales extraterrestres o máquinas pensantes que pudiéramos construir en un futuro. Aunque desde ya, por “misterios indescifrables” no se entiende necesariamente a Dios ni a los temas relacionados con él, sino a cualquier fenómeno en general. De hecho podría darse el caso, quién sabe, de que Dios existiera y que fuera perfectamente analizable desde la física y la matemática, pero al mismo tiempo siguieran existiendo otros asuntos eternamente incomprensibles.</p>
<p>Pero aún así, más allá de todas las posibles limitaciones de la ciencia, sigue siendo la mejor herramienta que tenemos, con mucha diferencia. Porque, en resumen, nuevamente, lo que importa no es si alguien puede dar una explicación sobre algo o no; cualquiera puede inventar una. Lo que interesa es si es posible demostrar la veracidad de esa explicación. La ciencia no explica todo, pero demuestra todo lo que explica. La religión puede explicar todo, pero no puede demostrar nada.</p>
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		<title>Un Dios más abstracto y sofisticado</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Oct 2011 00:17:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge A. Berrueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ateismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Hoy en día sólo los más fanáticos creen al pie de la letra en las apariciones de la Virgen, en el infierno, en la comunión, en que ciertas acciones sean objetivamente pecados sin importar el contexto, etcétera. Dentro de la gente normal, muy pocos creen realmente todo lo que dice la Iglesia Católica o cualquier otra iglesia cristiana. Esto no significa solo que no vayan a misa o que no respeten la figura del Papa, sino que verdaderamente no comparten la mayor parte de las creencias centrales. Aún reservan la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy en día sólo los más fanáticos creen al pie de la letra en las apariciones de la Virgen, en el infierno, en la comunión, en que ciertas acciones sean objetivamente pecados sin importar el contexto, etcétera. Dentro de la gente normal, muy pocos creen realmente todo lo que dice la Iglesia Católica o cualquier otra iglesia cristiana. Esto no significa solo que no vayan a misa o que no respeten la figura del Papa, sino que verdaderamente no comparten la mayor parte de las creencias centrales. Aún reservan la posibilidad de que exista un Ser Superior, pero ni siquiera están seguras de si se trata del Dios clásico, o de si hay una vida después de la muerte, o de si Jesús tuvo algo especial que no tuvieran Buda o Mahoma. Además, prácticamente todo el mundo acepta que si Dios existe, tiene que ser necesariamente compatible con la ciencia. Si realiza milagros o interviene en los asuntos humanos, debe hacerlo de una manera que no viole las leyes físicas. Y así siguiendo con más y más notas al margen, distanciándose de las instituciones y autoridades tradicionales, abandonando de a poco su legado medieval y puliendo la fe desde el sentido común.</p>
<p>Y bien, ¿qué problema hay en creer en un Ser Superior de este estilo, un Dios más abstracto y sofisticado que el clásico de las religiones? Ninguno. De hecho incluso un ateo puede creer en ese Ser Superior que se lleva bien con la ciencia, que va mucho más allá de los límites humanos, que esconde infinitos misterios trascendentes aún sin resolver, y que explica el sentido de nuestra existencia en este mundo. Este Ser Superior se llama “Universo”.</p>
<p>Pero claro, esta respuesta seguramente no es la que la mayoría tendría en mente, ya que habrá dejado por sentado que ese Ser Superior por fuerza debe poseer consciencia, inteligencia y personalidad. He ahí el nudo de la cuestión. Desde ya, un ateo no puede demostrar que ese Ser consciente e inteligente no sea real, y bien podría ser que existiera, ¿por qué no? Sin embargo, a pesar de que este sistema de creencias no tenga las contradicciones grotescas que puede llegar a tener una religión organizada, aún así sigue sin tener ningún peso por sí mismo. Porque del mismo modo que a primera vista carece de contradicciones, también carece de toda prueba de sustento.</p>
<p>Haciendo una analogía, creer en los unicornios tampoco sería incompatible con ninguna evidencia científica ni escondería ninguna contradicción interna. De hecho, a fin de cuentas un unicornio es nada más que un caballo con un cuerno en la frente, y animales mucho más extravagantes existen en la naturaleza. Seguramente a la evolución no le habría resultado difícil producir un unicornio si las condiciones adecuadas se hubieran dado. Pero aún así, ¿creemos en los unicornios sólo por el hecho de que no encierren ninguna contradicción? ¿O para asumir su existencia exigiríamos, además, alguna prueba objetiva, real y contrastable? Y si somos escépticos respecto de algo tan factible como un unicornio, solo porque no hay ninguna prueba que los fundamente, ¿no deberíamos ser infinitamente aún más escépticos respecto de un ser sobrenatural, consciente, inmaterial, omnipresente y absolutamente indetectable?</p>
<p>Y todo esto, en el supuesto de que estemos hablando de un sistema de creencias absolutamente impecable, que no incluya ninguna contradicción. Pero en realidad es improbable que lleguemos a ese punto, porque hay una trampa que es muy difícil de esquivar, incluso en las versiones más sofisticadas de Dios, y es lo que se conoce como &#8220;el problema del mal&#8221;. Tal como lo resume la célebre cita de Epicuro: <em>“Está dispuesto Dios a prevenir la maldad, pero no puede? Entonces no es omnipotente. ¿Puede hacerlo, pero no está dispuesto? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y además está dispuesto? Entonces, ¿de dónde proviene la maldad? ¿No es él capaz ni tampoco está dispuesto? Entonces, ¿por qué llamarlo Dios?”</em></p>
<p>En otras palabras, existe mucho sufrimiento en el mundo, y para que una teoría sobre Dios no tenga contradicciones tiene que ser compatible con este hecho. Para eso, necesariamente, hay que quitarle al menos uno de sus atributos clásicos, ya sea su gran poder o su interés la felicidad de los humanos. La cuestión es que una vez que le restamos una de estas cualidades, o ambas, ya queda poco de Dios. Ya no tiene gracia creer en él, porque el único motivo para tener fe en este Ser Superior es sentirnos protegidos y amados por un padre poderoso. Si deja de ser poderoso, o deja de estar interesado en protegernos, ya no hay una motivación emocional para creer en él, y el único motivo restante para creer en este &#8220;Dios disminuido&#8221; sería que lo apoyaran evidencias científicas, pero desde ya tampoco las hay. Por eso es que, inevitablemente, el camino de pulir las contradicciones de Dios termina desembocando en el ateísmo.</p>
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		<title>La Biblia es contradictoria como guía moral</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Oct 2011 22:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge A. Berrueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[﻿Un tal señor llamado Arthur Schlesinger Jr. dijo en una ocasión: “Como historiador, confieso que me resulta un poco gracioso cuando escucho que la tradición judeocristiana es alabada como fuente de nuestra preocupación presente por los derechos humanos, esto es, por la valiosa idea de que todos los individuos en todas partes tienen derecho a la vida, a la libertad, y a la búsqueda de la felicidad sobre esta tierra. De hecho, las grandes épocas de la religión fueron notables por su indiferencia a los derechos humanos en el sentido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>﻿Un tal señor llamado Arthur Schlesinger Jr. dijo en una ocasión: <em>“Como historiador, confieso que me resulta un poco gracioso cuando escucho que la tradición judeocristiana es alabada como fuente de nuestra preocupación presente por los derechos humanos, esto es, por la valiosa idea de que todos los individuos en todas partes tienen derecho a la vida, a la libertad, y a la búsqueda de la felicidad sobre esta tierra. De hecho, las grandes épocas de la religión fueron notables por su indiferencia a los derechos humanos en el sentido contemporáneo. Fueron notorias no sólo por su aceptación de la pobreza, la inequidad, la explotación y la opresión, sino también por una entusiasta justificación de la esclavitud, la persecución, el abandono de niños pequeños, la tortura y el genocidio”</em>.</p>
<p>Naturalmente, cualquier cristiano replicará que todas estas aberraciones no se debieron a que la religión lo mandara, sino a que hubo gente que falló al poner en práctica el mensaje de la Biblia, el cual sigue siendo profundamente moral. Error. Por supuesto que la Biblia contiene enseñanzas éticas, pero lamentablemente son una muy rara excepción. La mayor parte de este libro consiste en pasajes completamente monstruosos e injustificables. Esto no solamente incluye a gente que aparece haciendo cosas despreciables por su propia cuenta, sino Dios mismo ordenando estas acciones o realizándolas directamente.</p>
<p>Por ejemplo, en (Deu.7.1-2) está escrito: <em>“Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú, y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia”</em>. O en (Eze.20.25-26), <em>“Por eso yo también les di estatutos que no eran buenos, y decretos por los cuales no podrían vivir. Y los contaminé en sus ofrendas cuando hacían pasar por el fuego a todo primogénito, para desolarlos y hacerles saber que yo soy Jehová”</em>.</p>
<p>Otras veces se priorizan cosas efímeras por encima de la vida misma, como la virginidad sexual o el descanso durante un día sagrado. <em>“Mas si resultare ser verdad que no se halló virginidad en la joven, entonces la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la apedrearán los hombres de su ciudad, y morirá”</em>. (Deu.22.20-21).</p>
<p>El machismo y la misoginia son moneda común. En (Corintios 1 14:34-35) se le prohíbe a la mujer hablar en la Iglesia, y ésta sólo puede preguntarle a su esposo cuando estén en casa. <em>“Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación”</em>.</p>
<p>Según la Biblia, Dios hizo llover fuego y azufre sobre ciudades enteras en cierta ocasión. En otro momento inundó el mundo completo, asesinando a toda la humanidad con excepción de Noé y su familia. Siempre con la excusa de que todos eran malos y pecadores, incluidos los niños. Luego, cuando el pueblo hebreo se encontraba esclavo en Egipto, Dios se le apareció personalmente a Moisés y le ordenó que liderara a su gente hacia la libertad y la tierra prometida. Como el Faraón no accedía, Dios, en vez de aparecerse directamente ante aquél, o en lugar de teletransportar a todos los judíos con un simple chasquido de dedos, envió siete plagas espantosas a Egipto entero para presionar a su gobernante. La última de esas plagas fue, literalmente, la muerte súbita de todos los niños primogénitos del reino. Acto seguido, el Faraón se rinde y deja escapar a Moisés con el pueblo judío, y éste es el célebre episodio donde las aguas del Mar Rojo se abren en dos, a la salida de Egipto. Pero la historia no termina, continúa y continúa, siempre salpicada de impulsos sanguinarios de este Dios absolutamente arbitrario y monstruoso.</p>
<p>Por supuesto que todo esto no es más que mitología simple y llana, y de más está aclarar que Dios en realidad no es antiético, ya que no puede ser antiético alguien que no existe. El punto es que no podemos considerar al Dios bíblico, lleno de ataques de histeria y contradicciones, como fuente de inspiración moral. Esto no quiere decir necesariamente que la Biblia haya tenido la culpa de todas las atrocidades cometidas por la Iglesia Católica o cualquier otra agrupación de cristianos, eso es tema para otro momento. El punto es que no es aceptable la respuesta de que la Biblia, a pesar de lo que hayan hecho sus creyentes, sigue siendo un libro moral. Porque nunca lo fue.</p>
<p>Muchos cristianos se escandalizan al ver que los ateos dejamos este libro sagrado de lado, y elegimos por nuestra propia cuenta los principios morales a seguir. Sin embargo, como ya vemos, si uno lee la Biblia encuentra de todo, y en definitiva termina siendo el cristiano mismo, con su propio criterio personal, el que selecciona los mensajes que toma y los que deja. Y eso es exactamente lo mismo que hacemos los ateos, de lo que ellos tanto se horrorizan.</p>
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		<title>Mitología es la religión de otras personas</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Jan 2011 07:15:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge A. Berrueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[﻿La primera página de la Biblia comienza con el capítulo llamado “Génesis”, describiendo la creación del mundo. La crítica más conocida es que según este libro el mundo fue creado por Dios en seis días, cuando en realidad fue formándose a lo largo de miles de millones de años, y el hombre, así como todas las especies biológicas, fue evolucionando a partir de otras especies anteriores en lugar de ser creado directamente del barro. En pleno siglo XXI sigue habiendo agrupaciones cristianas, como los Testigos de Jehová y los Evangélicos, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>﻿La primera página de la Biblia comienza con el capítulo llamado “Génesis”, describiendo la creación del mundo. La crítica más conocida es que según este libro el mundo fue creado por Dios en seis días, cuando en realidad fue formándose a lo largo de miles de millones de años, y el hombre, así como todas las especies biológicas, fue evolucionando a partir de otras especies anteriores en lugar de ser creado directamente del barro.</p>
<p>En pleno siglo XXI sigue habiendo agrupaciones cristianas, como los Testigos de Jehová y los Evangélicos, convencidas de que todo ocurrió tal como lo dice la Biblia literalmente y que los científicos tienen la mente cerrada y los ojos vendados. Allá ellos. Por otra parte están los cristianos un poco menos extremistas, que responden que los “seis días” del Génesis son metafóricos y en realidad representan grandes períodos de tiempo, cubriendo la evolución y todos los demás detalles. Aunque claro está, desde su punto de vista, Dios naturalmente sigue estando a cargo de conducir los pasos de la evolución y la formación planetaria. A esta postura se la conoce como “diseño inteligente”, en contraposición a la anterior, más fanática, llamada “creacionismo”.</p>
<p>Hecha esta acotación de que todo se trata de una sutil metáfora, quienes apoyan el “diseño inteligente” creen que la brecha entre la Ciencia y el Génesis ya queda resuelta. Pero nada más lejos de la realidad. Aún si somos generosos y consideramos que los “seis días” son metafóricos, el relato continúa siendo atrozmente falso. Todo está mal. Todo. A través de la ciencia, sabemos que en primer lugar se originaron millones y millones de galaxias. Entre esas galaxias está la nuestra, la Vía Láctea, no siendo ni la primera ni la última. En el interior de la Vía Láctea existen muchos millones de estrellas, entre las cuales se encuentra nuestro Sol, tampoco siendo ni la primera ni la última en originarse. Alrededor de nuestra estrella se formaron los planetas del sistema solar, entre estos la Tierra, y millones de años más tarde tenemos el comienzo de la vida y la evolución de las especies, hasta llegar muy lentamente al escenario actual. Finalmente, incluso hoy en día la historia no termina y aún continúan formándose y extinguiéndose incontables especies animales, planetas, soles, sistemas estelares y galaxias enteras.</p>
<p>Sin embargo, si echamos nuevamente un vistazo al Génesis, este asegura que en el primer día Dios crea las aguas, la tierra, la luz y la oscuridad. En el segundo día, el cielo. En el tercero separa la tierra del agua, seca la tierra y la llena de vegetación. Recién en el cuarto Dios crea la luna y el Sol, y más tarde en el mismo día a las estrellas. Por esto, aún considerando que los “seis días” son metafóricos, el texto continúa estando completamente errado de principio a fin; no solamente las escalas de tiempo están fuera de proporción, sino que además el orden en que suceden las cosas es un desastre. Pero hay más. Podemos señalar los errores conceptuales. Por ejemplo, el mismo libro considera que el Sol y la Luna son un mismo tipo de cosa, “lumbreras”, y las estrellas son otro tipo de entidad diferente, creadas por separado, cuando en realidad el Sol y las estrellas son un mismo tipo de cosa (el Sol es una estrella), mientras la Luna es un tipo de cuerpo distinto. Además Dios crea el día y la noche en el primer día, pero recién en el cuarto crea al Sol; la pregunta que naturalmente surge es, si la luz del día ya estaba separada de la oscuridad de la noche, entonces, ¿para qué era necesario el Sol?…</p>
<p>Pero la historia no termina. Adán y Eva tuvieron como hijos a Caín y Abel, es decir, dos hombres. Luego de asesinar a Abel, Caín se mudó a… una ciudad al oriente de Edén llena de habitantes, donde conoció a una mujer con quien tuvo descendencia. ¿De dónde salió toda esta gente, ya asentada en una ciudad propia y todo, si supuestamente Adán y Eva fueron los primeros humanos en ser creados, y Caín y Abel fueron sus primeros hijos?</p>
<p>Y el relato continúa. Tras muchas generaciones, la humanidad terminó siendo enteramente corrupta y malvada, a excepción de un solo hombre, Noé, y su familia. Decepcionado y enfurecido, Dios decidió matar a todo el mundo mediante una lluvia torrencial como nunca antes se había visto. Se contactó entonces con este hombre, a quien le ordenó construir un gran barco, adonde debía subir una pareja de cada especie animal para que no se extinguiera a causa del diluvio. Todo el planeta se inundó y todos fallecieron de manera espantosa, porque eran malos y se lo merecían, incluyendo los niños. Luego de esperar a bordo, finalmente la lluvia cesó y Noé descendió en tierra firme.</p>
<p>Ahora bien, no hace falta explicar por qué es absurdo que en un arca prehistórica entren y se mantengan parejas de todas las especies de animales. Leones, tigres, elefantes, caballos, miles de variedades de insectos, en fin… todas, todas las especies del planeta. No hablemos de los peces de agua dulce, y ni mencionemos la fauna autóctona de Europa, América, África, o las islas del Pacífico. Por alguna extraña y misteriosa razón, el Universo de la Biblia siempre parece reducirse a pocos kilómetros a la redonda de los protagonistas, ilustrado según el entendimiento limitado y defectuoso de esa época, en lugar de contener información amplia e increíble que sólo podría haberla revelado un dios. Y curiosamente, esto lo mismo que sucede en todas las demás mitologías de las civilizaciones antiguas. A los dioses omnisapientes, quién sabe por qué, nunca se les ocurre revelar que también crearon otros continentes, otros planetas y otras galaxias enteras.</p>
<p>Por supuesto que la historia no termina con Noé, sigue y sigue, siempre llena de pasajes indigestibles para el mínimo sentido común. En definitiva, el problema con la consistencia de la Biblia no es que un sólo relato en particular sea falso como excepción, y se pueda solucionar sin esfuerzo interpretándolo como una metáfora. Todo lo contrario, la falsedad es la regla general por amplia mayoría, y la excusa de que tal o cual fragmento se trata de una inocente metáfora es absurda.</p>
<p>Si un cristiano tomara entre sus manos el Corán, el Bhagavad Gita, el Popol Vuh, o el libro sagrado de cualquier otra religión, le resultaría inmediatamente obvio que se trata de simples colecciones de leyendas primitivas. El único motivo por el que no le sucede lo mismo con la Biblia es porque fue educado en un ambiente donde se le prohibía cuestionar su veracidad. Citando a Joseph Campbell, antropólogo estadounidense, <em>“¿La definición de mitología en una oración? &#8216;Mitología&#8217;, es lo que llamamos a las religiones de otras personas&#8221;</em>. </p>
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		<title>Los incontables baches de la Biblia</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Jan 2011 07:13:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge A. Berrueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[﻿Si hubiera más gente que leyera la Biblia, habría más ateos. De hecho, todos los ateos recomendamos leer este libro y aprender también acerca de las demás religiones, porque sabemos que cuanta más cultura y conocimiento tenga una persona menos creerá en ninguna. Habrá excepciones, por supuesto, pero la gran mayoría de los creyentes cultos no cree en la Biblia ni en ningún libro sagrado, ni mucho menos en ninguna Iglesia, sino en un Ser Superior muy abstracto y vagamente definido. Por otra parte, al contrario de esto que hacemos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>﻿Si hubiera más gente que leyera la Biblia, habría más ateos. De hecho, todos los ateos recomendamos leer este libro y aprender también acerca de las demás religiones, porque sabemos que cuanta más cultura y conocimiento tenga una persona menos creerá en ninguna. Habrá excepciones, por supuesto, pero la gran mayoría de los creyentes cultos no cree en la Biblia ni en ningún libro sagrado, ni mucho menos en ninguna Iglesia, sino en un Ser Superior muy abstracto y vagamente definido. Por otra parte, al contrario de esto que hacemos los ateos, es sabido que las instituciones religiosas sólo promueven la lectura de la Biblia y de literatura que comparta su punto de vista, nunca fuentes que la critiquen. Tal vez algún sacerdote promocionará libros que hablen del ateísmo, pero siempre escritos desde la perspectiva religiosa, nunca de primera mano de un ateo.</p>
<p>En definitiva, se puede ver claramente cuánta confianza tiene cada bando en su propio poder de convicción. Este hecho habla por sí mismo.</p>
<p>Ahora bien, la gran mayoría de los cristianos no sólo no ha leído libros que se opongan a la religión, sino que ni siquiera ha leído la Biblia misma, y es entendible, porque incluso suponiendo que fuera una fuente verídica y confiable seguiría siendo uno de los libros más absolutamente aburridos de todo el Universo. O si acaso la han leído, como mucho conocerán la breve sección que relata la vida de Jesús y algún que otro extracto más por aquí y por allá. En todo caso, como consecuencia de no leerla realmente se tiene una imagen bastante errada de qué se trata; se lo ve como un texto de gran sabiduría y de profundo contenido moral, que tal vez tenga algunos deslices científicos en un par de pasajes, pero de importancia secundaria.</p>
<p>El tema de las falsedades científicamente refutadas lo dejaremos para otro artículo, al igual que sus monstruosidades inmorales. Por el momento sólo nos concentraremos en las contradicciones simples. Resulta que los capítulos de la Biblia no son como los de un libro normal, cada uno fue redactado por una persona distinta, y a su vez en épocas y contextos diferentes. Es decir, la Biblia no es “un libro” propiamente dicho, sino un conjunto de libros posteriormente ensamblados en uno sólo, y por esa razón hay bastante discordancia entre algunas partes y otras. Cada autor escribió lo que pensaba sobre el tema que quiso partiendo desde la base que disponía: relatos mitológicos de distintos orígenes, transmitidos oralmente a lo largo de mucho tiempo, modificados y condimentados cada vez que una generación se los pasaba a la siguiente.</p>
<p>Por ejemplo, en (Re.2.11-12) la Biblia afirma: <em>“Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino”</em>. Pero en (Jua.3.13), se sostiene lo contrario: <em>“Nadie ha subido jamás al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo”</em>.</p>
<p>Por otra parte, en (Jua.1.18) está escrito: <em>“A Dios nadie le vio jamás”</em>, pero según (Éxo.33.11), <em>“Hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero”</em>.</p>
<p>En (Núm.23.19) dice:<em> “Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?”</em>, mientras que en (Éxo.32.14) se relata: <em>“Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo”</em>.</p>
<p>La lista es interminable. La Biblia es tan larga y con una densidad tan grande de defectos que simplemente resultaría imposible cubrirlos todos en un solo artículo. Para esto haría falta una enciclopedia mucho más extensa que la Biblia misma, pero afortunadamente esa cosa existe y se llama internet. Gracias las maravillas de la tecnología, desde la comodidad del hogar podemos buscar “contradicciones bíblicas”, “ejemplos inmorales de la Biblia”, o términos similares, y encontrar cientos de miles de resultados en un par de segundos. De modo que no tendría sentido listar todas las contradicciones posibles en este momento, no sólo porque no terminaríamos nunca, sino porque este trabajo ya está hecho y se puede acceder en un instante.</p>
<p>Pero a grandes rasgos, como escribió Scott Bidstrup: <em>“¿Quiere un dios airado, escandaloso, vengativo, destruyendo todo lo que le sirve de tropiezo, exigiendo genocidios, infanticidios y hasta la misma esclavitud? Entonces el Éxodo es su libro. ¿Quiere un código de vida duro, rígido, inexorable, inflexible, sin misericordia? Entonces su libro es el Levítico. ¿Quiere un dios discreto, sutil, insondable que raramente interfiere, pero que puede ser conocido solo a través de las oraciones sinceras y las suplicas del fondo del alma, además de ser gentil y misericordioso? Lea las epístolas de Pablo. Todo en el mismo libro”.</em></p>
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		<title>La moral sin Dios</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Dec 2010 09:30:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge A. Berrueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Cómo puede una persona fundamentar un comportamiento ético si no cree en Dios? A primera vista esta pregunta puede resultar muy razonable, pero imaginemos ahora que un hombre le dijera a otro: “¿Cómo que no crees en Cupido? ¿Y en qué te basas entonces para fundamentar el amor a tu esposa?”. O bien este señor no es consciente de lo que dice, o bien no ama sinceramente a su pareja; si lo hace es sólo porque cree que así satisface las expectativas de un ser mágico e invisible, y eso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Cómo puede una persona fundamentar un comportamiento ético si no cree en Dios? A primera vista esta pregunta puede resultar muy razonable, pero imaginemos ahora que un hombre le dijera a otro: <em>“¿Cómo que no crees en Cupido? ¿Y en qué te basas entonces para fundamentar el amor a tu esposa?”</em>. O bien este señor no es consciente de lo que dice, o bien no ama sinceramente a su pareja; si lo hace es sólo porque cree que así satisface las expectativas de un ser mágico e invisible, y eso no es amor propiamente dicho.</p>
<p>Todos estamos de acuerdo en que se puede construir una relación amorosa sin creer en la existencia de Cupido. Pero aún más, también estamos de acuerdo en que si nuestro amor se basa simplemente en eso, entonces no es amor auténtico. Para que el sentimiento sea real tiene que nacer espontáneamente al pensar en nuestra pareja, y no de manera forzada a raíz del mandato de alguien, incluyendo seres invisibles.</p>
<p>Del mismo modo, no solamente se puede ser ético sin creer en Dios, sino que una ética basada en sus supuestos mandamientos pierde toda la gracia. Nada mejor que citar a Isaac Asimov: <em>“La idea del ser ético consiste en que se es ético para que el mundo marche tranquilo. Pienso que la gente que dice que la virtud es su mejor recompensa, o la honestidad la mejor póliza, están en lo cierto. Si eres alguien ético solo por tu creencia en Dios, entonces es que estás reservando tu pase para el cielo, o bien tratando de que no se te dé un pase al infierno. En cualquier caso, eres un oportunista voraz, nada más”.</em></p>
<p>En otras palabras, para ser ético en la vida cotidiana alcanza y sobra con estar interesado en nuestro propio bienestar y el de quienes nos rodean. No sólo no hace falta creer que Dios nos ordena hacer algo, sino además, si hacemos algo porque creemos que Dios lo espera, eso se rebaja a la altura de amar a nuestra pareja porque creemos que Cupido nos lo manda.</p>
<p>Esto es lo que respecta a la motivación para hacer cosas &#8220;buenas&#8221;. ¿Pero qué sucede con la prohibición de hacer cosas &#8220;malas&#8221;?</p>
<p>Naturalmente, el ateísmo no ofrece una fuente de moral absoluta. No es que simplemente no tengamos una brújula para distinguir lo moral de lo inmoral, sino que ni siquiera creemos que las acciones sean morales o inmorales en sí mismas. Somos nosotros quienes disponemos la moralidad o inmoralidad de las cosas, según nuestro propio criterio. Esto nos da una gran libertad, y como toda libertad, tiene ventajas y desventajas. Desde el punto de vista de un religioso, la tragedia es que podemos llegar a justificar el asesinato. Pero la religión también puede justificar el asesinato. No hace falta que recordemos la Inquisición católica o los atentados terroristas musulmanes. En definitiva, la diferencia no pasa por las cosas que podemos llegar a justificar o no, ya que tanto desde el ateísmo como desde la religión se puede llegar a construir una excusa para cualquier cosa, como la historia bien lo demuestra. La única diferencia es que, si un ateo hace algo inapropiado, uno puede exigirle que justifique racionalmente por qué lo hizo, y puede debatir sobre esa explicación. En cambio, si lo hace un religioso, él siempre puede responder que tenía fe en que eso era lo correcto, porque Dios se lo ordenaba y punto, sin más detalles.</p>
<p>Veámoslo de esta manera: un ateo puede matar a un creyente por muchos motivos distintos, pero nunca lo hará porque se lo ordena &#8220;un Dios que no existe&#8221;; por otra parte, un creyente también puede matar a un ateo por muchos motivos, pero además también tiene la posible excusa de que se lo ordena &#8220;un Dios que sí existe&#8221;.</p>
<p>Citando a Richard Dawkins, <em>“Si los defensores del apartheid realmente fueran astutos afirmarían (sin faltar a la verdad, por lo que sé) que permitir que las razas se mezclen va en contra de su religión. Una parte significativa de sus opositores se alejarían en puntas de pie. Y no tiene sentido afirmar que es una comparación injusta porque el apartheid no tiene justificación racional. El tema central de la fe religiosa, su fuerza y su gloria más grande, es que no depende de la justificación racional. Del resto de nosotros se espera que defendamos nuestros prejuicios. Pero pídale a una persona religiosa que justifique su fe y uno está violando su ‘libertad religiosa’”.</em></p>
<p>En resumen, quien necesita creer en Dios para ser ético debe ser porque no le importa tanto el bienestar del prójimo. Hacer el bien por sí mismo no le parece un motivo suficiente. Lo cual lo convierte instantáneamente en un individuo peligroso, ya que si el día de mañana alguien lo convence de que Dios desea que discrimine a las mujeres, o salga a apedrear a homosexuales, o se ponga un cinturón lleno de explosivos, entonces simplemente eso es lo que va hacer. Lo único que requiere es un empujón para creer que eso es lo que Dios dijo. En caso contrario, si por una cuestión moral no fuera capaz de llegar a este extremo, por más que estuviera convencido de que Dios lo decretó, entonces estamos admitiendo que él, del mismo modo que los ateos, no necesita tener a Dios como guía para distinguir lo ético de lo antiético.</p>
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		<title>La ciencia y el mundo de lo inmaterial</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Dec 2010 09:28:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge A. Berrueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Capitulo]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Imaginemos un escenario del futuro un poco extraño. Supongamos que para sorpresa de todos, el día de mañana se descubre el alma en algún laboratorio. Enseguida surgirían investigaciones científicas para responder muchas preguntas, como por ejemplo, ¿cuándo obtenemos el alma? ¿Surge espontáneamente cuando el óvulo es fecundado por el espermatozoide, o en otra etapa de la gestación, o incluso un tiempo después de nacer? ¿El espermatozoide viene con media alma y el óvulo con la otra mitad, o quizás el alma ya viene entera en uno de los dos? ¿Todas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Imaginemos un escenario del futuro un poco extraño. Supongamos que para sorpresa de todos, el día de mañana se descubre el alma en algún laboratorio. Enseguida surgirían investigaciones científicas para responder muchas preguntas, como por ejemplo, ¿cuándo obtenemos el alma? ¿Surge espontáneamente cuando el óvulo es fecundado por el espermatozoide, o en otra etapa de la gestación, o incluso un tiempo después de nacer? ¿El espermatozoide viene con media alma y el óvulo con la otra mitad, o quizás el alma ya viene entera en uno de los dos? ¿Todas las almas son iguales y tienen el mismo potencial, o sus características dependen del sexo, de la etnia, de posibles malformaciones congénitas, de la dieta alimenticia?… ¿Los siameses tienen un alma o dos? ¿Y los gemelos idénticos? ¿Y los trillizos? Si a una persona le tienen que amputar un brazo o una pierna, o una sección del cerebro, ¿se pierde una parte del alma? ¿Se pueden fabricar medicamentos para ella? ¿Cuando morimos, se va a algún lugar o se queda en el cuerpo, degradándose poco a poco al igual que el resto del organismo?</p>
<p>Lo cierto es que a partir de ese momento, el alma dejaría de ser un tema de fe y pasaría a formar parte de una nueva rama de la medicina y la biología. Lo mismo sucedería si se descubriera científicamente a Dios, los ángeles, el Cielo, el Infierno y todas las cosas de las que habla la religión. Claro está, si desde un comienzo estas entidades no existen, es imposible que la ciencia los descubra, pero si son reales no hay ningún motivo para asumir de antemano que no son estudiables, comprensibles y reducibles a fórmulas. Antes también se pensaba que sería imposible escudriñar científicamente el funcionamiento de la vida, el mecanismo de los pensamientos, el origen del hombre, de los planetas y de las estrellas… y echemos ahora un vistazo a cualquier enciclopedia o libro básico de ciencias para ver cómo resultó la historia. Todos los sentimientos, las emociones y los pensamientos se consideraban inmateriales, pero la neurociencia los está comenzando a explicar exitosamente en términos físicos. Lo mismo ha sucedido en muchos otros campos. Antes se pensaba que la biología debía aceptar la existencia de la vida como un punto de partida inexplicable, ya que obviamente entraban en juego entidades espirituales, pero hoy en día se la comprende completamente desde la química y la física.</p>
<p>Pero la gran pregunta es… si este descubrimiento hipotético sucediera, ¿deberíamos dejar de considerar “inmaterial” al alma, o no? Dicho de otro modo, incluso suponiendo que existen cosas inmateriales, ¿cómo se puede distinguir algo material de algo inmaterial? Y además, ¿por qué deberíamos pensar que el alma y Dios, en caso de existir, deberían ser entes “inmateriales”?</p>
<p>Si por “inmaterial” se entiende algo que obedece a un conjunto de leyes distintas, pero investigables, entonces, ¿dónde trazar la línea que separa lo que es material de lo que no lo es? ¿Cómo sabemos que no hemos ya descubierto científicamente cosas que son “inmateriales”, pero pensamos que son materiales porque no sabemos la diferencia? Y por otra parte, si por &#8220;inmaterial&#8221; se entiende algo que es totalmente incomprensible para la mente humana, entonces, ¿cómo podríamos distinguir si algo, como Dios o el alma, es un ente “inmaterial” por no ser investigable, o es &#8220;material&#8221; pero simplemente sucede que la ciencia aún no ha llegado a ese punto?</p>
<p>En cualquier caso, cuando alguien afirma que Dios, o el alma, o lo que sea, es un objeto inmaterial, en el fondo no está diciendo realmente nada. Lo único que está asegurando es que no puede medir ni detectar la existencia de eso de lo que está hablando.</p>
<p>Muchos tienen el prejuicio de que los científicos son de mente cerrada y que descartan la existencia de Dios, el alma, las energías místicas o el mundo espiritual en general sólo porque no son visibles al ojo humano. Esto es completamente falso. Si fuera por esto entonces también descartarían la existencia de los campos magnéticos, por ejemplo, los cuales tampoco se puden ver ni tocar, ni poner debajo del lente de un microscopio, ni guardar en un tubo de ensayo. Las personas caminamos libremente a través de ellos y ni siquiera los sentimos, como si fueran fantasmas. ¿Cuál es la diferencia entre estos campos y Dios, entonces? ¿Por qué los científicos aceptan la existencia de los primeros y se desentienden del segundo? Porque los campos magnéticos pueden mover la aguja de una brújula y provocar corrientes eléctricas, entre otras muchas cosas. Es decir, aunque no los podamos ver, producen efectos en cosas que sí podemos ver, e ingeniosamente los podemos medir de manera bastante precisa. Pero hasta la fecha, que se sepa, Dios no mueve la aguja de ninguna brújula ni produce corrientes eléctricas.</p>
<p>Lo mismo sucede con el núcleo de las estrellas, las partículas subatómicas, los ancestros biológicos que nos precedieron hace millones de años y una lista sin fin. Todos ellos, y en definitiva casi la totalidad de lo que la ciencia estudia hoy en día, no se puede ver ni tocar. Son cosas que deben analizarse indirectamente, a través de los rastros que dejan de una manera o de otra, en algún lugar u otro, bajo algunas condiciones u otras. En resumen, el problema con Dios no es que simplemente no se pueda ver, o que sea inmaterial. Es que no se puede detectar con ningún método objetivo y fiable, de ninguna forma directa ni indirecta. Exactamente igual que sucede con Zeus, Ra, Osiris, Thor, Horus, los unicornios, los duendes, las hadas mágicas y todas criaturas místicas en que la humanidad ha creído alguna vez. ¿Quiere decir esto que Dios no existe? No, no quiere decir que no exista. Pero con el mismo argumento, tampoco quiere decir que no existan Ra, Osiris, Zeus, Thor y compañía.</p>
<p>¿Y qué pasaría si Dios efectivamente existiera, pero nunca se pudiera demostrar científicamente, precisamente por estar hecho de una sustancia “inmaterial”?&#8230; Bueno, ¿por qué no hacernos la misma pregunta acerca de todos los demás dioses mencionados? ¿Qué pasaría si Ra existiera y fuera inmaterial, y justamente por eso no tuviéramos pruebas de su existencia?</p>
<p>La conclusión siempre es la misma. No podemos demostrar que Dios no exista, pero sí podemos demostrar que no tiene más probabilidades de existir que cualquier otro ser mágico e invisible que haya concebido la imaginación humana. Y si pensamos que racionalmente es válido descartar la existencia de Osiris o Zeus, entonces con los mismos argumentos también podemos descartar la existencia de Dios.</p>
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