El conflicto inevitable entre ciencia y religión
Muchos opinan que la ciencia y la religión no se contradicen ni pueden contradecirse, ya que la primera se ocupa de los asuntos del mundo material mientras la segunda del espiritual. Argumentan que son campos distintos pero complementarios entre sí, por lo que sus conflictos son meramente aparentes y pasajeros.
Como teoría filosófica flotando en la atmósfera tal vez esta idea sea muy bonita, pero en la práctica las cosas son muy distintas. Si pudieran alzar su cabeza, Galileo y Darwin darían testimonio de que la religión sí tiene bastante ánimo de explayar su lengua sobre el mundo material, y que es falso que se contente simplemente con los “asuntos espirituales”, lo que sea que se entienda por ese término. Alguien seguramente respondería que estos episodios no cuentan, ya que si la religión se limitara al campo que le corresponde, estas cosas no sucederían. Sin embargo, en realidad esto es imposible de concebir. ¿Cómo sería una religión que no hablara de nada relacionado con el mundo material, sin referirse ni en lo más mínimo al origen de la vida, la causa del Universo, el funcionamiento de la conciencia humana?…
Imaginemos que una religión dijera: “Bien, no vamos a hacer ninguna afirmación acerca de cómo funciona el cerebro, sólo creemos que hay algún componente espiritual en alguna parte”. A primera vista podría parecer que esto resolvería la cuestión. Pero si luego se demostrara que las decisiones morales son tomadas por el cerebro, y que son una cadena de causas y efectos físicos inevitables, como cualquier otro pensamiento… ¿qué significado quedaría para ese “componente espiritual”? De hecho, actualmente todo el campo completo de la neurociencia apunta en esta dirección. Por supuesto que aún quedan muchos misterios por resolver acerca de la mente, pero incluso siendo generosos y suponiendo que el alma puede existir, la moraleja es que es imposible separar la religión del mundo material, y aislarla del impacto de los eventuales descubrimientos científicos.
La ciencia busca la verdad y por eso se basa en hechos, sin importar que las conclusiones resulten reconfortantes o no. Si el resultado de una investigación es que la Tierra queda en un rincón del Universo y no en el pleno centro, entonces queda en un rincón y se acabó la historia. No es relevante a quién eso haga sentirse ofendido, deprimido o desorientado. Lo que se busca es descubrir hechos, no influir emociones. A la religión por el contrario no le interesa que haya o no haya pruebas a favor de la existencia alma, opina que existe sin más. Y si surgieran pruebas en contra, sencillamente diría que esas evidencias están mal, que es un terreno que no le corresponde pisar a la ciencia y que se trata de una falta de respeto a su fe. No le preocupa en lo más mínimo contrastar sus creencias para ver si son ciertas o no, porque lo que busca no es la verdad, asume que ya la tiene desde el comienzo; lo único que le interesa es despertar sentimientos. Por eso, desde el punto de vista del religioso, si en un momento no hay evidencias a su favor, el día de mañana surgirán. Y si hoy hay evidencias en contra, más tarde desaparecerán. Lo único que importa es seguir creyendo lo mismo mas allá de lo que indique el mundo externo, con tal de que esto funcione para hacer sentirlo sentir bien a uno.
En resumen, la diferencia entre la razón y la fe no es que cada una se ocupe de distintos aspectos del Universo. Esa separación entre dimensión espiritual y material es completamente falsa. Tanto la ciencia como la religión explican montones de fenómenos, ya sean materiales, espirituales o de la manera que se los quiera llamar. La cuestión no pasa por el tipo de asuntos estudiados, sino porque la ciencia fundamenta sus explicaciones con evidencias, al contrario de la religión.
El alma puede ser que exista o no, pero no hay ningún motivo para pensar que su existencia o inexistencia no es deducible científicamente, de manera directa o indirecta. Lo mismo con Dios o cualquier otra cosa supuestamente “espiritual”. La religión deja por sentado que la ciencia nunca descubrirá nada que pueda perturbar estas creencias, ya que pertenecen a un cierto terreno especial, pero… ¿acaso este no fue el mismo error que cometió con Darwin, Galileo y tantos otros? En otras palabras, la incompatibilidad entre la ciencia y la religión no es algo que ocurrió simplemente en la historia remota, es algo inevitable. Siempre que ambas convivan en una sociedad van a estar dadas las condiciones para que, ante un descubrimiento inesperado, explote un nuevo conflicto.
Ciencia y Religión




















