El ateísmo no es una religión
Los ateos creemos que Dios no existe, pero no podemos demostrarlo. ¿Esto acaso no nos convierte en una religión, o al menos no hace que nuestro pensamiento sea de estilo religioso?…
Es cierto que tenemos muchas creencias, nadie niega esto. Pero una cosa es una creencia, y otra muy distinta es una creencia religiosa. Nosotros tampoco creemos en Zeus o Apolo, por ejemplo, pero sin embargo nadie diría que esto se trata de una postura religiosa.
Algunos responden que lo más prudente es ser agnóstico. Es decir, mantenernos al margen de la cuestión mientras no hayan pruebas a favor ni en contra. Pero con el mismo criterio entonces también deberíamos ser agnósticos de Osiris o Poseidón, entre otros tantos dioses, semidioses, duendes, ángeles, hadas y seres indetectables de todo tipo. Creer en Afrodita no es contradictorio con ninguna evidencia científica, ni se puede demostrar que no exista. Y seguramente deben quedar detalles sin resolver acerca del amor para la neurociencia, de modo que podríamos proponer a Afrodita como la respuesta de esas cuestiones científicas pendientes. Sin embargo, ¿sería lo más razonable mantenernos al margen de la cuestión, mientras no haya pruebas a favor ni en contra, y pensar que es igualmente posible que Afrodita exista o que no exista?
En otras palabras, si no somos agnósticos respecto a Afrodita, Ra, Osiris o Thor, entonces por el mismo motivo tampoco hay por qué ser agnósticos respecto a Dios. Si en el caso de los antiguos dioses griegos, romanos, egipcios, o nórdicos, consideramos que la ausencia de pruebas es justificación suficiente para pensar que no existen, y que eso no constituye una creencia religiosa, entonces también deberíamos considerarlo una justificación suficiente en el caso de Dios. Como suele replicar Richard Dawkins, “Todos somos ateos respecto a la mayoría de dioses en los que la humanidad ha creído alguna vez. Algunos de nosotros simplemente vamos adelantados un dios más allá”.
Por supuesto que si en el futuro surgieran pruebas de la existencia de Dios, o Zeus, o cualquier otro, entonces la situación se invertiría. Por ejemplo, imaginemos que cada vez que alguien rezara pidiendo una curación, el enfermo se repusiera. Y cada vez que alguien pidiera al Cielo que se calmara un terremoto, inmediatamente se detuviera. No una o dos veces cada cierto tiempo, en casos excepcionales, sino la mayoría de las veces. Eso sería un fuerte indicio de que hay algo real en el asunto, y el ateísmo comenzaría a rebajarse al rango de religión. ¿Por qué? Porque la creencia en Dios contaría con sustento basado en hechos medibles, mientras que el ateísmo consistiría simplemente en creer en algo por el placer de creerlo, incluso en contradicción con la realidad observable. Claro está, esto no significa que si Dios existiera tendría por qué obedecer las oraciones o evitar las catástrofes naturales necesariamente; esto es simplemente un ejemplo. Cualquier otra prueba contrastable sería igualmente válida.
Un religioso seguramente replicaría: “Pero ustedes los ateos siguen creyendo en muchas cosas que no han visto o experimentado personalmente”. Y sí, es cierto. Un ateo puede creer sin ningún problema que existen millones de galaxias, átomos, y planetas que jamás verá ni comprobará directamente que existen. Sin embargo, es absurdo pensar que se trata de creencias religiosas, porque primero y principal, para que una postura sea religiosa tiene que carecer de un fundamento lógico. Por definición, la fe únicamente hace falta cuando no se puede defender una opinión racionalmente. En caso contrario, si pudiera ser argumentada, entonces no sería una cuestión de fe, se trataría de una opinión normal como cualquier otra. Por eso no tiene sentido decir, por ejemplo, que los científicos tienen “fe” en los átomos, ya que pueden enumerar una serie de buenos motivos para pensar que no son imaginarios. No es algo que crean porque simplemente los haga sentir mejor por dentro, o por respeto a una tradición, o por temor a lo que sucedería si no fuera cierto. Por otra parte, los motivos para creer en Dios no son pruebas ni argumentos, sino el miedo de qué sucederá después de la muerte, el deseo de ser amado por un amigo incondicional, la necesidad de ser protegido y reconfortado por un ser poderoso, y demás sentimientos por el estilo.
En resumen, no es lo mismo tener una creencia que tener fe; una creencia puede estar bien o mal defendida en términos lógicos, pero busca defenderse. La fe, desde el punto de partida, no tiene fundamento de este tipo e incluso considera que es una virtud no tenerlo. ¿Y cuál es la defensa lógica del ateísmo, que hace que no sea una cuestión de fe o religión? La misma defensa lógica que tiene la no-creencia en Ra, Osiris o Anubis. ¿Y qué tipo de pruebas necesitaríamos los ateos para pasar a creer en Dios? El mismo tipo de pruebas que exigiría un cristiano para aceptar la existencia de Zeus, Afrodita o Poseidón.
Ciencia y Religión




















