Dioses en los agujeros de la Ciencia
Como la ciencia no provee aún una teoría completa y meticulosamente demostrable hasta el último detalle sobre el origen del Universo, mucha gente piensa que esto automáticamente da derecho a creer que fue creado por un ser invisible. Pero no hace falta llegar a ese nivel filosófico para encontrar este mismo tipo de argumento. ¿Cuál es la conclusión más probable de un religioso ante cualquier curación inesperada de una enfermedad? “No hay una explicación lógica de cómo ésta persona se recuperó repentinamente, no podemos comprenderlo; debe ser obra de un ser supremo y bondadoso”.
En cualquier caso, argumentar que dado que la ciencia aún no puede dar cierta respuesta, ahí detrás debe haber un dios, es volver a caer en el error de la antigüedad de creer que la lluvia era manipulada por un ser extraño, simplemente porque no lo podían explicar de otra manera. No importa si se trata de la ignorancia del origen de la lluvia o del origen del Universo, da igual, en el fondo se esconde la misma falacia: “No puedo encontrar una explicación seria y demostrable de determinado fenómeno. Entonces simplemente lo atribuyo a algún ser poderoso e invisible que lo hizo porque quería”. Esto es lo que se conoce como el argumento del “dios tapa-agujeros”, precisamente porque consiste en tapar los agujeros del conocimiento con un ser mágico salido de la nada, ahorrándonos la molestia de la investigación verdadera. Y como bien diría Isaac Asimov: “Rendirse ante la ignorancia y llamarla Dios siempre ha sido prematuro, y sigue siéndolo hoy”.
Imaginemos una conversación entre dos hombres de una tribu de la antigüedad, traducida a lenguaje moderno:
- No hay ninguna evidencia que indique que la lluvia es causada por un dios que vive en las nubes -dice un escéptico.
- Pero la lluvia tiene que venir de algún lado -responde un chamán-, es ridículo pensar que llueva sin ninguna causa.
- Desde ya, pero mi argumento no es que la lluvia no tenga causa. Sólo digo que no hay fundamentos para pensar que la causa de la lluvia sea este dios en particular.
- Ah, y entonces, ¿de dónde viene la lluvia?
- No lo sé.
- ¡Ah, qué bien! Y si no lo sabe, ¿cómo puede demostrar que este dios no sea su causa?
- No, no puedo demostrar que no lo sea. De nuevo, lo que yo estoy diciendo no es que este dios necesariamente sea imaginario, ni que la causa de la lluvia tenga que ser otra. Lo que pienso es que si el día de mañana se demuestra que este dios sí existe, bienvenido sea. O si se demuestra que la raíz es un proceso extraño en las nubes, también bienvenido sea. Incluso podría ser que este dios sí existiera pero que no tuviera nada que ver con la lluvia. Pero por el momento, que no hay pruebas de nada, ¿qué necesidad tenemos de andar inventando?
En esa conversación se resume la esencia del argumento del dios tapa-agujeros. Según la religión, o pensamos que la causa del Universo es Dios, o pensamos que no tiene causa. Y la ciencia responde que esto es una falsa dicotomía. ¿Por qué la causa del Universo, por ejemplo, no podrían ser cuatro o cinco dioses en vez de uno? ¿O por qué no podrían ser infinitos? ¿O por qué no podría ser ninguno, y ser simplemente otra clase de cosa? Es mas… incluso podría ser que un tal dios existiera pero no hubiera creado el Universo, o que sí lo hubiera creado pero luego no tuviera ningún interés en nosotros ni nuestro planeta. Tal vez en el futuro se demuestre alguna cosa o la otra, pero por el momento, que no tenemos pruebas de nada, ¿qué necesidad tenemos de andar inventado? Y por supuesto, lo mismo se aplica a las curaciones extrañas de ciertas enfermedades y cualquier otro fenómeno para el que no se tenga una explicación científica demostrable. Los ateos no negamos que existen infinitas cosas fuera del nuestro conocimiento y del alcance actual de la ciencia. La diferencia no es que nosotros sepamos más que los religiosos, o que los religiosos sepan más que nosotros; ambos sabemos lo mismo, la diferencia es que nosotros no tenemos la necesidad de inventar fantasías para cubrir lo que no sabemos y sentirnos reconfortados.
Todo, absolutamente todo, en algún momento de la historia no pudo explicarse y ha sido atribuido a tal o cual dios, o ángel, o espíritu, o personaje etéreo de cualquier tipo, de todas las variedades y para todos los gustos. El dios cristiano es solamente uno más en esta larga lista de criaturas místicas e indetectables.
Ciencia y Religión




















