Cuando el pedido de la oración se cumple

Una persona padece cierta enfermedad, un grupo de fervientes creyentes eleva sus oraciones para su recuperación, y la curación ocurre. Queda demostrado entonces que Dios existe y es bueno, y todos vivieron felices para siempre.

…Un momento, algo no cierra. Se supone que Dios, desde un principio, era consciente de la situación del enfermo y tenía pleno poder para ayudarlo sin esperar a que nadie le rezara. Incluso podría haber evitado todo el problema desde el comienzo. ¿Por qué no lo hizo? En lugar de esto, permitió de manera consciente y voluntaria que la enfermedad se desarollara y que todos pasaran por una situación dolorosa, sin hacer nada hasta ser colmado de alabanzas. Por lo tanto, argumentar que Dios sanó un enfermo en respuesta a las plegarias, equivale a decir que si Dios no hubiera sido alabado habría permitido que la desgracia continuara como si nada. Si bien Dios prestó su ayuda, no lo hizo por amor sino sólo a cambio de que le lamieran los pies. En caso contrario, si los creyentes están realmente convencidos de que Dios intercede por amor, entonces ¿por qué consideraron necesario rezar? E incluso más, ¿por qué dan por hecho que rezar cinco veces el rosario es más eficiente que rezarlo una sóla vez, y que una cadena de oración es más eficiente que una sóla persona rezando?

¿Qué clase de padre, plenamente consciente de que un hijo suyo está atravesando una situación horrible e injusta, y con el pleno poder para ayudarlo, se quedaría de brazos cruzados hasta que decenas de personas le pidieran su ayuda de rodillas? Imaginemos a este padre reflexionando: “Mmmm… no, por ahora sólo diez personas han venido a traerme ramos de flores. No me satisface, no me parece que me amen lo suficiente. Esperaré que me demuestren un poco más de devoción, y luego tal vez veremos”. Finalmente, luego de muchas ofrendas y obsequios, accede a socorrer a su hijo. ¿A esto le llamamos amor? ¿Esta clase de actitud merece agradecimiento?

Avancemos un paso más. Imaginemos que la enfermedad nunca surgió desde un principio, o que Dios intervino sin esperar a que se le pidiera nada, y que hasta ahora nosotros hemos tenido una vida maravillosa. Aún así, ¿cómo puede alguien decir que Dios es bueno? ¿Qué hay de todas madres de Somalía cuyos hijos se mueren literalmente de hambre en sus brazos? ¿Qué hay de todas las víctimas del terremoto de Haití, de los tsunamis de Japón e Indonesia, de los tornados de Estados Unidos? “No sé, es un misterio, yo lo único que sé es que Dios me ayudó a mí y por lo tanto es bondadoso”. Esto es como si alguien dijera: “La verdad… la última dictadura militar de Argentina fue muy bondadosa, porque cuando gobernaban los militares mi familia estaba económicamente muy bien”. ¿Qué pasa con los miles de personas torturadas y desaparecidas durante el régimen? ¿Qué pasa con las incontables familias destruídas y las vidas arruinadas? “No sé, es un misterio, yo lo único que sé es que la dictadura ayudó a mi familia y por lo tanto los militares fueron obviamente buena gente”.

Pero vayamos aún más lejos. Como ya vimos, que una oración se cumpla no implica necesariamente que Dios sea bueno, por bastantes motivos. Sin embargo, ¿demuestra, al menos, que Dios exista?

Supongamos que en vez de rezarle al dios cristiano, la próxima vez le dirigimos nuestro pedido al antiguo dios egipcio Osiris. Y nuevamente la curación ocurre. ¿Esto demostraría la existencia de Osiris? Pensémoslo un segundo. Incluso si Osiris no existe, lo cual es lo más probable… ¿qué ocurriría si cientos, o miles, o millones de personas a lo largo y a lo ancho de todo el mundo le rezaran continuamente para pedirle todo tipo de cosas? Muy sencillo; algunas de esas peticiones se cumplirían y otras no, aunque solo fuera por azar. En los casos de un final feliz, los creyentes agradecerían a Osiris sin pensarlo dos veces, y en el resto de los casos atribuirían su falta de ayuda a algún motivo superior y misterioso. Esto es exactamente lo mismo que ocurre en el caso del dios cristiano, y se corresponde también con lo mismo que sucede en absolutamente todas las religiones habidas o por haber. Siempre, sin importar a qué entidad imaginaria se le dirijan alabanzas, algunas veces sucederá lo que pedimos y otras veces no. Es una simple cuestión de estadística.

Citando a Donald Morgan, “Los cristianos dicen que, sin excepción, su dios responde a todas sus plegarias; es sólo que a veces dice ’sí’ y otras ‘no’, ‘quizá’ o ‘espera’. Por supuesto, lo mismo podría decirse del dios de la lluvia”.