Archive for October, 2011

La religión explica algo que la ciencia no

Oct 05 2011 Published by Jorge A. Berrueta under Capitulo,Ciencia

Un sistema de creencias religiosas puede explicar muchas cosas fuera del alcance actual de la ciencia. Pero esto no tiene ningún mérito, cualquier persona con un mínimo de imaginación puede explicar todos los misterios del mundo. Por ejemplo, para dar una solución definitiva al origen del Universo, alguien podría decir que fue creado en un concurso de hadas mágicas; la que creara el Universo más destacado se llevaría un premio, que será otorgado al final de los tiempos. Claro está, a pesar de tratarse de una explicación completa y sin contradicciones, sería imposible demostrar su veracidad. Sólo puede sustentarse en la fe, y ese es el problema.

¿Cuál es la moraleja? Que en definitiva, lo que importa no es si alguien puede ofrecer una explicación sobre algo o no; cualquiera puede inventar una sobre la marcha, si no la tiene ya. Lo que interesa es hasta qué punto se puede sustentar su veracidad con evidencias.

Como todos sabemos, durante siglos y siglos el cristianismo sostuvo que la Tierra era el centro del Universo, que se había formado en seis días, que el ser humano había surgido directamente del barro, que los átomos no existían, y un larguísimo etcétera. La religión daba cómodamente por sentado que la ciencia jamás llegaría a pisar estos campos, y se enorgullecía pomposamente de poder explicar algo que aquella no. Sin embargo todos sabemos como la historia terminó; tarde o temprano la ciencia fue tomando el control, y en todos los casos resultó que la religión había dado rienda suelta a su lengua sin ningún fundamento.

Esto no quiere decir que la religión haya cometido errores como los que comete de vez en cuando la ciencia. No. Un error es cuando uno hace una cuenta y le da un resultado incorrecto. Un error es cuando uno hace un experimento y le sale mal. La religión nunca hizo cuentas ni experimentos, nunca erró, lisa y llanamente inventó. Afirmó hasta el cansancio que Dios le había revelado esas cosas, que obtenía esos conocimientos a través del Espíritu Santo y que su autoridad era incuestionable. Y aún peor, cada vez que uno de sus falsos dogmas cayó, en vez de tener la mínima humildad de admitir que había estado equivocada, se excusó diciendo que la revelación seguía siendo cierta, sólo que la había interpretado mal.

Siendo pacientes, y suponiendo generosamente que es cierto que existe un dios y que esas revelaciones son auténticas, aún así la pregunta es: ¿qué ha aprendido la religión de todos estos tropiezos? ¿Ha revisado los métodos de interpretación de sus revelaciones? ¿Ha mejorado sus técnicas de comunicación con el Espíritu Santo? No. Sigue sosteniendo cosas extravagantes supuestamente reveladas, y siempre con el mismo viejo argumento: “La ciencia no puede aún explicar determinado asunto misterioso. No queda otra explicación; un ser superior invisible y poderoso debe estar detrás. Además, podemos estar seguros de esto porque nos lo reveló Dios, aunque lamentablemente lo haya hecho justo cuando ustedes no estaban mirando”. Que es justamente el mismo estilo de pensamiento que la hizo llevarse el mundo por delante una vez tras otra, a lo largo de los siglos.

De más está aclarar que esto no significa que la ciencia sea perfecta, o ni siquiera que pueda llegar a saberlo todo algún día. El objetivo de la ciencia, sí, es conocer cada vez más sobre el Universo… pero si algún día llega a comprenderlo todo o no, es otro tema. Nadie garantiza que el Universo sea apropiadamente digestible para la maquinaria del cerebro humano. ¿Por qué debería serlo? Quizás haya misterios que simplemente sean indescifrables, no solo para nosotros sino incluso tal vez para cualquier otro ser inteligente posible, incluyendo eventuales extraterrestres o máquinas pensantes que pudiéramos construir en un futuro. Aunque desde ya, por “misterios indescifrables” no se entiende necesariamente a Dios ni a los temas relacionados con él, sino a cualquier fenómeno en general. De hecho podría darse el caso, quién sabe, de que Dios existiera y que fuera perfectamente analizable desde la física y la matemática, pero al mismo tiempo siguieran existiendo otros asuntos eternamente incomprensibles.

Pero aún así, más allá de todas las posibles limitaciones de la ciencia, sigue siendo la mejor herramienta que tenemos, con mucha diferencia. Porque, en resumen, nuevamente, lo que importa no es si alguien puede dar una explicación sobre algo o no; cualquiera puede inventar una. Lo que interesa es si es posible demostrar la veracidad de esa explicación. La ciencia no explica todo, pero demuestra todo lo que explica. La religión puede explicar todo, pero no puede demostrar nada.

No responses yet

Un Dios más abstracto y sofisticado

Oct 04 2011 Published by Jorge A. Berrueta under Ateismo,Capitulo

Hoy en día sólo los más fanáticos creen al pie de la letra en las apariciones de la Virgen, en el infierno, en la comunión, en que ciertas acciones sean objetivamente pecados sin importar el contexto, etcétera. Dentro de la gente normal, muy pocos creen realmente todo lo que dice la Iglesia Católica o cualquier otra iglesia cristiana. Esto no significa solo que no vayan a misa o que no respeten la figura del Papa, sino que verdaderamente no comparten la mayor parte de las creencias centrales. Aún reservan la posibilidad de que exista un Ser Superior, pero ni siquiera están seguras de si se trata del Dios clásico, o de si hay una vida después de la muerte, o de si Jesús tuvo algo especial que no tuvieran Buda o Mahoma. Además, prácticamente todo el mundo acepta que si Dios existe, tiene que ser necesariamente compatible con la ciencia. Si realiza milagros o interviene en los asuntos humanos, debe hacerlo de una manera que no viole las leyes físicas. Y así siguiendo con más y más notas al margen, distanciándose de las instituciones y autoridades tradicionales, abandonando de a poco su legado medieval y puliendo la fe desde el sentido común.

Y bien, ¿qué problema hay en creer en un Ser Superior de este estilo, un Dios más abstracto y sofisticado que el clásico de las religiones? Ninguno. De hecho incluso un ateo puede creer en ese Ser Superior que se lleva bien con la ciencia, que va mucho más allá de los límites humanos, que esconde infinitos misterios trascendentes aún sin resolver, y que explica el sentido de nuestra existencia en este mundo. Este Ser Superior se llama “Universo”.

Pero claro, esta respuesta seguramente no es la que la mayoría tendría en mente, ya que habrá dejado por sentado que ese Ser Superior por fuerza debe poseer consciencia, inteligencia y personalidad. He ahí el nudo de la cuestión. Desde ya, un ateo no puede demostrar que ese Ser consciente e inteligente no sea real, y bien podría ser que existiera, ¿por qué no? Sin embargo, a pesar de que este sistema de creencias no tenga las contradicciones grotescas que puede llegar a tener una religión organizada, aún así sigue sin tener ningún peso por sí mismo. Porque del mismo modo que a primera vista carece de contradicciones, también carece de toda prueba de sustento.

Haciendo una analogía, creer en los unicornios tampoco sería incompatible con ninguna evidencia científica ni escondería ninguna contradicción interna. De hecho, a fin de cuentas un unicornio es nada más que un caballo con un cuerno en la frente, y animales mucho más extravagantes existen en la naturaleza. Seguramente a la evolución no le habría resultado difícil producir un unicornio si las condiciones adecuadas se hubieran dado. Pero aún así, ¿creemos en los unicornios sólo por el hecho de que no encierren ninguna contradicción? ¿O para asumir su existencia exigiríamos, además, alguna prueba objetiva, real y contrastable? Y si somos escépticos respecto de algo tan factible como un unicornio, solo porque no hay ninguna prueba que los fundamente, ¿no deberíamos ser infinitamente aún más escépticos respecto de un ser sobrenatural, consciente, inmaterial, omnipresente y absolutamente indetectable?

Y todo esto, en el supuesto de que estemos hablando de un sistema de creencias absolutamente impecable, que no incluya ninguna contradicción. Pero en realidad es improbable que lleguemos a ese punto, porque hay una trampa que es muy difícil de esquivar, incluso en las versiones más sofisticadas de Dios, y es lo que se conoce como “el problema del mal”. Tal como lo resume la célebre cita de Epicuro: “Está dispuesto Dios a prevenir la maldad, pero no puede? Entonces no es omnipotente. ¿Puede hacerlo, pero no está dispuesto? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y además está dispuesto? Entonces, ¿de dónde proviene la maldad? ¿No es él capaz ni tampoco está dispuesto? Entonces, ¿por qué llamarlo Dios?”

En otras palabras, existe mucho sufrimiento en el mundo, y para que una teoría sobre Dios no tenga contradicciones tiene que ser compatible con este hecho. Para eso, necesariamente, hay que quitarle al menos uno de sus atributos clásicos, ya sea su gran poder o su interés la felicidad de los humanos. La cuestión es que una vez que le restamos una de estas cualidades, o ambas, ya queda poco de Dios. Ya no tiene gracia creer en él, porque el único motivo para tener fe en este Ser Superior es sentirnos protegidos y amados por un padre poderoso. Si deja de ser poderoso, o deja de estar interesado en protegernos, ya no hay una motivación emocional para creer en él, y el único motivo restante para creer en este “Dios disminuido” sería que lo apoyaran evidencias científicas, pero desde ya tampoco las hay. Por eso es que, inevitablemente, el camino de pulir las contradicciones de Dios termina desembocando en el ateísmo.

No responses yet

La Biblia es contradictoria como guía moral

Oct 03 2011 Published by Jorge A. Berrueta under Capitulo,Religion

Un tal señor llamado Arthur Schlesinger Jr. dijo en una ocasión: “Como historiador, confieso que me resulta un poco gracioso cuando escucho que la tradición judeocristiana es alabada como fuente de nuestra preocupación presente por los derechos humanos, esto es, por la valiosa idea de que todos los individuos en todas partes tienen derecho a la vida, a la libertad, y a la búsqueda de la felicidad sobre esta tierra. De hecho, las grandes épocas de la religión fueron notables por su indiferencia a los derechos humanos en el sentido contemporáneo. Fueron notorias no sólo por su aceptación de la pobreza, la inequidad, la explotación y la opresión, sino también por una entusiasta justificación de la esclavitud, la persecución, el abandono de niños pequeños, la tortura y el genocidio”.

Naturalmente, cualquier cristiano replicará que todas estas aberraciones no se debieron a que la religión lo mandara, sino a que hubo gente que falló al poner en práctica el mensaje de la Biblia, el cual sigue siendo profundamente moral. Error. Por supuesto que la Biblia contiene enseñanzas éticas, pero lamentablemente son una muy rara excepción. La mayor parte de este libro consiste en pasajes completamente monstruosos e injustificables. Esto no solamente incluye a gente que aparece haciendo cosas despreciables por su propia cuenta, sino Dios mismo ordenando estas acciones o realizándolas directamente.

Por ejemplo, en (Deu.7.1-2) está escrito: “Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú, y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia”. O en (Eze.20.25-26), “Por eso yo también les di estatutos que no eran buenos, y decretos por los cuales no podrían vivir. Y los contaminé en sus ofrendas cuando hacían pasar por el fuego a todo primogénito, para desolarlos y hacerles saber que yo soy Jehová”.

Otras veces se priorizan cosas efímeras por encima de la vida misma, como la virginidad sexual o el descanso durante un día sagrado. “Mas si resultare ser verdad que no se halló virginidad en la joven, entonces la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la apedrearán los hombres de su ciudad, y morirá”. (Deu.22.20-21).

El machismo y la misoginia son moneda común. En (Corintios 1 14:34-35) se le prohíbe a la mujer hablar en la Iglesia, y ésta sólo puede preguntarle a su esposo cuando estén en casa. “Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación”.

Según la Biblia, Dios hizo llover fuego y azufre sobre ciudades enteras en cierta ocasión. En otro momento inundó el mundo completo, asesinando a toda la humanidad con excepción de Noé y su familia. Siempre con la excusa de que todos eran malos y pecadores, incluidos los niños. Luego, cuando el pueblo hebreo se encontraba esclavo en Egipto, Dios se le apareció personalmente a Moisés y le ordenó que liderara a su gente hacia la libertad y la tierra prometida. Como el Faraón no accedía, Dios, en vez de aparecerse directamente ante aquél, o en lugar de teletransportar a todos los judíos con un simple chasquido de dedos, envió siete plagas espantosas a Egipto entero para presionar a su gobernante. La última de esas plagas fue, literalmente, la muerte súbita de todos los niños primogénitos del reino. Acto seguido, el Faraón se rinde y deja escapar a Moisés con el pueblo judío, y éste es el célebre episodio donde las aguas del Mar Rojo se abren en dos, a la salida de Egipto. Pero la historia no termina, continúa y continúa, siempre salpicada de impulsos sanguinarios de este Dios absolutamente arbitrario y monstruoso.

Por supuesto que todo esto no es más que mitología simple y llana, y de más está aclarar que Dios en realidad no es antiético, ya que no puede ser antiético alguien que no existe. El punto es que no podemos considerar al Dios bíblico, lleno de ataques de histeria y contradicciones, como fuente de inspiración moral. Esto no quiere decir necesariamente que la Biblia haya tenido la culpa de todas las atrocidades cometidas por la Iglesia Católica o cualquier otra agrupación de cristianos, eso es tema para otro momento. El punto es que no es aceptable la respuesta de que la Biblia, a pesar de lo que hayan hecho sus creyentes, sigue siendo un libro moral. Porque nunca lo fue.

Muchos cristianos se escandalizan al ver que los ateos dejamos este libro sagrado de lado, y elegimos por nuestra propia cuenta los principios morales a seguir. Sin embargo, como ya vemos, si uno lee la Biblia encuentra de todo, y en definitiva termina siendo el cristiano mismo, con su propio criterio personal, el que selecciona los mensajes que toma y los que deja. Y eso es exactamente lo mismo que hacemos los ateos, de lo que ellos tanto se horrorizan.

No responses yet