Archive for November, 2010

Imponiendo conductas con base religiosa

Nov 17 2010 Published by Jorge A. Berrueta under Ateismo,Capitulo

A mediados del 2009, con mucha repercusión mediática, Benedicto XVI manifestó que el preservativo no resuelve sino empeora el problema del SIDA. Inmediatamente muchas organizaciones se declararon en contra de sus dichos, considerándolas un atentado a la salud pública. Para colmo de males el Papa dijo esto durante un viaje al centro de África, el lugar más golpeado del mundo por esa enfermedad. Le fue respondido entonces que es cierto que el preservativo no es suficiente pero que aún así es necesario, y que si hay algo demostrado científicamente es que su uso evita el contagio de SIDA. Lo que viene al caso es que la Iglesia, frente a esta enorme reacción pública, no se retractó ni tampoco amplificó su argumentación, sino se limitó a quejarse de que no se respetaba su libertad de culto, y que ella tenía pleno derecho de expresar sus creencias.

Ahora bien, las organizaciones internacionales jamás dijeron que al Papa no debería permitírsele hacer públicas sus opiniones, sino que estas no eran correctas. Es decir, lo que la Iglesia pide no es el derecho de opinar, sino el derecho de opinar y no ser contestada, sin que se le exija ninguna fundamentación.

Si fuera por la religión sola, no habría problema. Un vecino de cualquier barrio tiene todo el derecho de hacer danzas alrededor de una fogata para convocar al dios de la lluvia, o incluso de azotarse a sí mismo para pedir perdón por sus pecados. Allá él, mientras no afecte a los demás, es libre de hacer lo que desee en su intimidad. Sin embargo, es un tema distinto cuando las creencias privadas de un grupo de personas dejan de ser tan “privadas”, y comienzan a afectar a quienes los rodean.

Por supuesto, los creyentes siempre estarán convencidos de que su fin no es egoísta y que actúan por el bien de la sociedad en general, ya que a pesar de que no todos crean en Dios, él sigue existiendo, y los peligros de no seguir su plan divino pueden ir desde una vida infeliz e incompleta, hasta pasar la eternidad en el infierno. Parece un planteo razonable. Sin embargo, el problema es que los planes de Dios bien podrían ser distintos de como los creyentes piensan. De hecho, incluso podría ser que Dios ni siquiera existiera. Y a fin de cuentas, tal vez muchos de los sacrificios y conductas que intentan imponer sean completamente en vano. Por ejemplo, quizás Dios existe pero no le molesta la homosexualidad, y todo este tiempo los religiosos estuvieron oponiéndose al matrimonio entre personas del mismo sexo, haciendo infeliz a mucha gente, por creencias que eran erróneas. Y lo mismo podría suceder con cualquier otro dogma. Pero claro está, Dios nunca se va a aparecer para aclarar que nadie está equivocado, de modo que todos los creyentes siempre seguirán convencidos de que lo comprenden verdaderamente, y en función de esto pretenderán obligar al mundo a manejar su vida personal de cierta manera.

La cuestión es que si vamos a reconocerles este derecho de tomar decisiones sobre nuestra propia vida, entonces nosotros también deberíamos poder prohibirles a ellos, por ejemplo, comer durante determinados días de la semana, utilizar algunos medicamentos específicos o tener sexo sin respetar cierto ritual, si tuviéramos ganas de creer en un ser invisible al que le ofendieran estas cosas. Y naturalmente, llegado este punto, los cristianos responderían que una cosa es tengamos derecho a creer lo que queramos en nuestra intimidad, y otra cosa es que pretendamos imponerles conductas en base a nuestras propias creencias que ellos ni siquiera comparten. Para permitir que nosotros les dictáramos normas basadas en nuestras creencias, exigirían que les demostráramos científicamente los fundamentos de nuestra fe.

Y esto, si es lo que pedirían, es entonces lo que ellos mismos deben ofrecer.

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Si Dios no creó el Universo, ¿de dónde salió?

Nov 11 2010 Published by Jorge A. Berrueta under Capitulo,Ciencia

“¡Es absurdo! ¿Cómo el Universo no va a tener una causa?”. Esta respuesta es clásica de parte de los creyentes a los ateos, y es un planteo completamente racional. El problema no está en la frase en sí misma, sino en lo que insinúa: “o creemos que el origen del Universo es Dios, o creemos que todo salió de la nada por arte de magia”. Y esto es una falsa dicotomía, porque si el Universo no fue causado por un dios no quiere decir que no pueda tener otra causa, de tipo material o cualquier naturaleza que sea. Esto, en definitiva, no es ni más ni menos que el argumento del dios tapa-agujeros. Como aún no sabemos hasta el último detalle la explicación de determinado misterio, entonces para tapar nuestra ignorancia inventamos que ese fenómeno se debe al capricho de un ser invisible, y descartamos cualquier otra posible alternativa.

Decir que Dios creó al Universo es como decir que nuestro planeta es sostenido por tortugas. Por supuesto que hoy en día, que contamos incluso con fotografías de la Tierra vista desde el espacio, ya sabemos que esas tortugas no existen, pero eso es trampa. Supongamos que estuviéramos en una época o un contexto donde no tuviéramos ese conocimiento. ¿Sería aceptable entonces esa teoría? No, porque carece de toda evidencia que la apoye; ¿por qué tienen que ser necesariamente tortugas, en lugar de cualquier otro animal o posible objeto o artificio? Y bien, exactamente lo mismo sucede en nuestro caso; ¿por qué la causa del Universo tiene que ser necesariamente un Dios, en vez de cualquier otra posible entidad o mecanismo? ¿Por qué tiene que tratarse de un ser consciente e inteligente, y no un simple proceso natural siguiendo leyes físicas, ya conocidas o aún desconocidas por la ciencia? ¿Qué es lo que lo impide? E incluso suponiendo que la causa fuera un Dios, ¿por qué no podría ser que él hubiera sido originado a su vez por otro dios, el cual sí fuera la primera causa absoluta? ¿O por qué no planteamos que hubo una familia de cientos de dioses, donde sólo el más antiguo de todos no tuvo causa, y el dios creador de nuestro Universo es sólo un lejano descendiente del primero? ¿O por qué el Universo no pudo ser creado por varios dioses al mismo tiempo, como trabajo en equipo? ¿Y por qué todos, o al menos algunos de ellos, tendrían que estar interesados en los seres humanos, que habitamos un diminuto rincón de una galaxia insignificante?

Al igual que en el caso de las tortugas, el hecho de que la explicación de Dios no se pueda refutar científicamente, al menos por ahora, no implica que por eso deje de ser arbitraria e infundada. Está completamente sacada de la galera, y ni siquiera se preocupa por analizar ninguna de las infinitas alternativas posibles.

Un religioso automáticamente responderá: “¿Ah, sí? Pero todavía no has provisto ninguna explicación científica absolutamente demostrada sobre el origen del Universo”. Sin embargo, imaginemos que alguien dijera: “Desde la ciencia no podemos entender el comportamiento de la materia oscura. Eso es suficiente para pensar que está causada por los antiguos dioses griegos del Olimpo. Y si alguien me acusa de estar equivocado, debe enseñarme una teoría científica finalizada sobre la materia oscura”. Todos le responderíamos, naturalmente, que aunque no contemos con todas las respuestas del cosmos, eso no le da derecho a inventar lo primero que se le ocurra. La diferencia entre los ateos y los creyentes, entonces, no es que nosotros podamos explicarlo todo científicamente, sino que cuando nosotros no podemos explicar algo por el momento, lo reconocemos, en lugar de recurrir a la creencia que se nos dé la gana.

Pero la teoría de Dios no solamente es arbitraria, además es insatisfactoria, porque ni siquiera soluciona la cuestión realmente: ¿de dónde salió todo? Nuevamente es como con las tortugas. El mundo se sostiene sobre tortugas, bien, ¿pero sobre qué se sostienen ellas a su vez? “Oh, no deberíamos preocuparnos por eso, no le busquemos la quinta pata al gato”. El Universo fue causado por Dios, bien, ¿pero de dónde salió Dios? “Oh, no tiene sentido que trates de pensar en eso”. La complejidad de los seres vivientes se puede explicar porque están diseñados por un ser aún más complejo, bien, pero si todos los seres complejos deben estar diseñados por alguien más complejo, ¿entonces quién diseñó, a su vez, a ese ser súper-complejo? “Oh, no gastes tus energías intentando comprender esas cosas”. Como diría Frater Ravus, “La fe no te da las respuestas, sólo te impide hacer las preguntas”.

Citando a Carl Sagan, “Es corriente en muchas culturas responder que Dios creó el universo de la nada. Pero esto no hace más que aplazar la cuestión. Si queremos continuar valientemente con el tema, la pregunta siguiente que debemos formular es evidentemente de dónde viene Dios. Y si decidimos que esta pregunta no tiene contestación, ¿por qué no nos ahorramos un paso y decidimos que el origen del universo tampoco tiene respuesta? O si decimos que Dios siempre ha existido, ¿por qué no nos ahorramos un paso y concluimos diciendo que el universo ha existido siempre?”

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Dioses en los agujeros de la Ciencia

Nov 10 2010 Published by Jorge A. Berrueta under Capitulo,Ciencia

Como la ciencia no provee aún una teoría completa y meticulosamente demostrable hasta el último detalle sobre el origen del Universo, mucha gente piensa que esto automáticamente da derecho a creer que fue creado por un ser invisible. Pero no hace falta llegar a ese nivel filosófico para encontrar este mismo tipo de argumento. ¿Cuál es la conclusión más probable de un religioso ante cualquier curación inesperada de una enfermedad? “No hay una explicación lógica de cómo ésta persona se recuperó repentinamente, no podemos comprenderlo; debe ser obra de un ser supremo y bondadoso”.

En cualquier caso, argumentar que dado que la ciencia aún no puede dar cierta respuesta, ahí detrás debe haber un dios, es volver a caer en el error de la antigüedad de creer que la lluvia era manipulada por un ser extraño, simplemente porque no lo podían explicar de otra manera. No importa si se trata de la ignorancia del origen de la lluvia o del origen del Universo, da igual, en el fondo se esconde la misma falacia: “No puedo encontrar una explicación seria y demostrable de determinado fenómeno. Entonces simplemente lo atribuyo a algún ser poderoso e invisible que lo hizo porque quería”. Esto es lo que se conoce como el argumento del “dios tapa-agujeros”, precisamente porque consiste en tapar los agujeros del conocimiento con un ser mágico salido de la nada, ahorrándonos la molestia de la investigación verdadera. Y como bien diría Isaac Asimov: “Rendirse ante la ignorancia y llamarla Dios siempre ha sido prematuro, y sigue siéndolo hoy”.

Imaginemos una conversación entre dos hombres de una tribu de la antigüedad, traducida a lenguaje moderno:

- No hay ninguna evidencia que indique que la lluvia es causada por un dios que vive en las nubes -dice un escéptico.

- Pero la lluvia tiene que venir de algún lado -responde un chamán-, es ridículo pensar que llueva sin ninguna causa.

- Desde ya, pero mi argumento no es que la lluvia no tenga causa. Sólo digo que no hay fundamentos para pensar que la causa de la lluvia sea este dios en particular.

- Ah, y entonces, ¿de dónde viene la lluvia?

- No lo sé.

- ¡Ah, qué bien! Y si no lo sabe, ¿cómo puede demostrar que este dios no sea su causa?

- No, no puedo demostrar que no lo sea. De nuevo, lo que yo estoy diciendo no es que este dios necesariamente sea imaginario, ni que la causa de la lluvia tenga que ser otra. Lo que pienso es que si el día de mañana se demuestra que este dios sí existe, bienvenido sea. O si se demuestra que la raíz es un proceso extraño en las nubes, también bienvenido sea. Incluso podría ser que este dios sí existiera pero que no tuviera nada que ver con la lluvia. Pero por el momento, que no hay pruebas de nada, ¿qué necesidad tenemos de andar inventando?

En esa conversación se resume la esencia del argumento del dios tapa-agujeros. Según la religión, o pensamos que la causa del Universo es Dios, o pensamos que no tiene causa. Y la ciencia responde que esto es una falsa dicotomía. ¿Por qué la causa del Universo, por ejemplo, no podrían ser cuatro o cinco dioses en vez de uno? ¿O por qué no podrían ser infinitos? ¿O por qué no podría ser ninguno, y ser simplemente otra clase de cosa? Es mas… incluso podría ser que un tal dios existiera pero no hubiera creado el Universo, o que sí lo hubiera creado pero luego no tuviera ningún interés en nosotros ni nuestro planeta. Tal vez en el futuro se demuestre alguna cosa o la otra, pero por el momento, que no tenemos pruebas de nada, ¿qué necesidad tenemos de andar inventado? Y por supuesto, lo mismo se aplica a las curaciones extrañas de ciertas enfermedades y cualquier otro fenómeno para el que no se tenga una explicación científica demostrable. Los ateos no negamos que existen infinitas cosas fuera del nuestro conocimiento y del alcance actual de la ciencia. La diferencia no es que nosotros sepamos más que los religiosos, o que los religiosos sepan más que nosotros; ambos sabemos lo mismo, la diferencia es que nosotros no tenemos la necesidad de inventar fantasías para cubrir lo que no sabemos y sentirnos reconfortados.

Todo, absolutamente todo, en algún momento de la historia no pudo explicarse y ha sido atribuido a tal o cual dios, o ángel, o espíritu, o personaje etéreo de cualquier tipo, de todas las variedades y para todos los gustos. El dios cristiano es solamente uno más en esta larga lista de criaturas místicas e indetectables.

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